POR Pamela Velasco FOTOGRAFÍA David Torres / Francisco Silván / Vitra Hispania
Sentirse como Doris Day y Rock Hudson en pleno apogeo de los años 60 o quizás como uno de los integrantes del sexteto que comanda el sitcom “That 70’s Show”, es el influjo juguetón asentado sobre los espacios intervenidos con los preceptos de la decoración pop, un estilo desenfadado con extrema fijación por trasformar objetos cotidianos en obras de arte.
Quienes apuesten por esta directriz deberán saber que bajo su poder se establece una oda a lo popular y una ruptura determinante con la pureza del minimalismo y sus líneas simples, sin llegar a lanzarse por las aglomeraciones del kitch.
“En la decoración ‘popera’ es común el uso del color en su máxima expresión, los materiales poco convencionales y todo lo que remita al diseño industrial”, explica Ellen Andara, diseñadora de ambientes y profesora de la carrera Diseño Interior en el Instituto de Diseño Brivil en Caracas. Para lograr el encasillamiento de los ambientes bajo esta tonificante oferta es necesario tomar en consideración las herramientas meritorias que pintan su espíritu.
Todo tiempo pasado fue mejor
Devolver el casete de la moda decorativa y poner stop en las inmediaciones del siglo XIX es el mandato. Anclado en este período, podrá recrear el culto popular basado en la delineación futurista de los ambientes, época en la que se creía que con la entrada del nuevo siglo “se iban a conquistar otros espacios, otra forma de vida, mezclando ergonomía con diseño”, explica Francisco Silván, Arquitecto de Interiores, egresado de la Escuela Oficial de Madrid, España, merecedor del Premio Nacional de Final de Carrera otorgado por el Colegio Oficial de Decoradores y Diseñadores de Interiores.
Iluminados por las formas plantadas en la naturaleza, y extrapolándolas hacia el ámbito geométrico en el estado más puro, se “pretende transmitir una vida de felicidad, alegría y una real crítica a la sociedad demasiado mediatizada por lo correcto”, aclara Silván.
Con esta irreverente entonación, se tapizarán las murallas del hogar con revestimientos abanderados por el cinetismo, cargado de singulares formas serpenteantes. Si apuesta por lo neutro, lo esencial es pintar las paredes con combinaciones de marrones, beige o gamas pasteles.
Los más osados se valdrán de matices vibrantes como azul turquesa, fucsia, púrpura, amarillo limón o verde manzana para cubrir las divisiones. María Gracia Monró, artista plástica, titulada por el Instituto Universitario de Estudios Superiores Armando Reverón, en Caracas, con conocimientos especializados en color y materiales plásticos en la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de la Universidad Politécnica de Valencia, España, sentencia que es primordial el empleo de “colores fuertes y contrastantes, básicamente planos, sin profundidades”. Una buena alternativa es inclinarse por “el rojo o el negro combinados con blanco”, sugiere el site www.divan.com.mx.
Enseres de antología
La índole del aderezo pop se fija en lo estético como sello distintivo. En este sentido, el acompañante central del salón podrá ser un diván, con una delineación irregular, forrado con telas lisas o estampadas, con figuras geométricas repetitivas que aporten dinamismo. Ivano Aspesi, arquitecto y diseñador ambiental con maestría en Diseño Arquitectónico, conviene que “lo primero que hay que hacer es prescindir de la austeridad, luego colocar sofás tipo pufs en múltiples colores”.
Andara concuerda con Aspesi y añade que “también necesitará integrar algunos objetos de mobiliario algo estrafalarios y de diseños reconocidos, como unas sillas tulipán, cojines o bean bags”, estos últimos servirán para imponer la nota relajante.
Francisco insiste en que de la infinidad de muebles pop que existen, no se debe excluir los clásicos como “la silla Panton de Verner Panton, la silla y mesa Tulip de Eero Saarinen, los sillones Barcelona de Mies Van der Rohe, Egg de Arne Jacobsen y el Burbuja de Eero Aarnio”, muchos de ellos elaborados en PCV -policloruro de vinilo, polímero termoplástico- debido a su capacidad para moldear formas.
A este repertorio se suman dóciles y larguiruchas mesas de patas cortas, conocidas también como “ratonas” -pues simulan la humanidad de estos roedores- y repisas rasas. El arquitecto venezolano argumenta que, “el plástico, múltiples espejos, todo lo reproducible, lo industrializado, construido por inyección y en especial los materiales desechables”, son detalles claves que ayudarán a fabricar la atmósfera sesentona.
La iluminación es indispensable para darle un brillo particular al lugar, sin olvidar que “las lámparas, más allá de alumbrar, deben ser altamente decorativas”, aclara Monró, donaire logrado por la utilización de candiles vanguardistas. Auxiliándose con la amplia gradación que ofrece el mercado artístico moderno, podrá adquirir faroles de lava con su apacible fluir de burbujas de cera, la afamada lámpara Arco de Achille Castiglione, esferas con vidrios de colores y las incandescentes bombillas de neón. El mencionado site cataloga la lámpara globo como “uno de sus más representativos diseños de este estilo, ocultan la luz dentro de una serie de ‘tazas’ o formas cóncavas invertidas, dentro de un disco de cristal transparente”.
Las movibles cortinas de abalorios, -pequeñas piezas de forma esférica con un hueco en su médula- puertas plegables, alfombras de pelo largo, almohadones forrados con motivos animal print o impresos florales, accesorios colgantes como reproducciones de la clásica obra de Marilyn Monroe de Andy Warhol, o pósteres de comics rubricados por el vitalicio Roy Lichtenstein, completarán el escenario.
La cocina del mañana
El núcleo gastronómico del hogar puede convertirse en el templo sagrado para asomar el delirio desatado por esta alabanza a la cultura popular. Los electrodomésticos deben ostentar la pureza del blanco con aderezos plateados. Los gabinetes, armados en contrachapado, lucirán de encanto con manijas o tiradores que invoquen los años 60.
Rellenar los espacios con retros implementos típicos de las jornadas desencadenadas en el circuito de los fogones, es una punzante necesidad. Andara comenta que “no es sorpresivo ver vajillas y objetos decorativos de marcas reconocidas de refrescos, relojes y otros artículos de consumo masivo”. Para la artista plástica unas lozas “de melamina con diseños geométricos o de flores. Una mesa pantry revestida de formica roja y sillas de vinil rojo con detalles metálicos cromados”, también calzarían a la perfección.
Es importante evaluar qué detalles deben preservar aires conservadores, ya que reemplazarlos resulta tanto aparatoso como costoso. “Si te cansas de un papel pintado, siempre lo puedes cambiar pero los materiales perdurables como solados y azulejos, deben ser más sobrios”, asegura Silván.
Cítrica emulsión
La estancia que resguarda los sueños no escapa a la tentación chillona de este atavío multicolor. Monró la visualiza “pintada de rosado barbie. Una cama con un copete amarillo y un cubrecama de chenil en azul turquesa. Cojines rectangulares y ovalados, además de un teléfono verde”. Para completar la escena, el interesado podría hacerse de “un cabecero de cama en piel de capitoné blanco, con una colcha de peluche de color rosa chicle y una alfombra de pelo largo de oveja nívea y muchas lámparas esféricas”, describe Silván.
Hay que elevar “las anclas de símbolos de lo cotidiano, el desparpajo tecnológico, la fluidez espacial y la libertad de disposiciones del mobiliario”, describe Aspesi, considerando que hay que mostrar una infinidad de objetos que no se ven en otros lados.
La inventiva sobra para lograr ambientes espléndidos, todo es cuestión de gustos e ingenio. Lo vital es darle el trato adecuado a cada espacio desde el punto de vista de una composición artística, distribuyendo armónicamente los objetos para conferirle balance y ritmo a la habitación. Acceder a la página web www.misssixty.com, de la reconocida marca de ropa Miss Sixty, y hurgar en las imágenes que ofrecen sus locales comerciales, es un paradero inapelable para capturar ideas sobre este carácter. Lo elemental, como sugeriría Sherlock Holmes a Watson, es vivir los espacios, entrar en relación directa y profunda con el rincón que será habitado, anteponiendo comodidad por encima de la belleza.