Por Pamela Velasco Fotografía
www.umparkour.com /
www.monosurbanos.com
Conocer a fondo los escondrijos que nutren las metrópolis en las que habitan
es fundamental para los traceurs(trazadores), nombre atribuido a los practicantes del parkour, tendencia mundial
que hace del entorno una salade juego. Sobrepasar cómodamente los obstáculos que se interponen en
el camino es, en definitiva,el colosal objetivo que amina sus intrépidas carreras.
Más que un
deporte, el parkour es considerado una filosofía de vida para estos saltimbanquis de lacalle, comunidad
que crece con fuerza en todo el globo terráqueo. “El objetivo es decidiro ‘trazar’ tu
propia ruta y no dejarte llevar por los trayectos predeterminados”,dilucida Rodrigo Fuentes, precursor de
este concepto en México y fundador del grupo Monos Urbanos,quien hace énfasis en el hecho de que
tales piruetas son para profesionales, ya que “el verdaderoespíritu del parkour es aprender a usar
nuestro cuerpo como una herramienta útil”.
Los entretelones de esta adherencia se remontan a la
década de los 80, en Lisses, un pueblo ancladoen las afueras de Francia, donde David Belle, protagonista
de esta historia, junto a Sebastien Foucan, empezarona perfeccionar sus habilidades físicas y a construir
los primeros esbozos de esta aventura. Talempeño fue secundado por su padre, militar reconocido por su
destreza física gracias al empleo del “Método Natural” ideado por George Hebert,
entrenamiento para los soldados galos basado en una pista de barreras que éstos debían superar a
fin de aumentar la agilidad en los combates.
Parcour du combattants, como también fue conocido el
sistema, sirvió de inspiración para darle nombre a lo que pasó de ser una travesura
a derivar en arte: Le parkour, cuya etimología desciende de la palabra francesa parcour, que
significa “recorrido”. La designación estaba dispuesta y el intercambio de consonantes fue
sencillamente antojo decorativo.
Sin límites
La pasión es fundamental para el desarrollo
físico y espiritual de estos consorcios empapados de adrenalina. En un video transmitido a través
de la televisora francesa TF1, Belle, mientras hace su circuito, cuenta que en esta disciplina “no hay
intentos que valgan, o se llega y se está seguro, o no se hace nada. Se trata, sobre todo, de entrenar
para convencerse de que aunque saltes y haya un problema, siempre te recuperarás. Aquí
está la fuerza del parkour”.
Esta ideología, consolidada con el transcurrir del
tiempo, ha esparcido adeptos multirraciales que aplauden el unísono norte de “auto
superación, auto conocimiento, conseguir algo a base de esfuerzo y trabajo”, explica Daniel
Sampayo, traceur español, creador del site www.umparkour.com. La finalidad es simplemente “ir
de un punto a otro, lo más rápido, fluido y bello posible, sirviéndonos únicamente
de nuestro propio cuerpo”, conviene.
Personas de cualquier edad y condición anatómica,
podrán ingresar al hechizo de sus dominios, tomando las características que se adapten a sus
circunstancias. Sólo bastan un par de tennis, ropa deportiva cómoda y holgada; librarse de
cadenas u objetos que puedan entorpecer la acción, y comenzar a merodear los insólitos lugares
citadinos, escenarios perfectos para estos trepadores empedernidos.
Quien decida lanzarse al ruedo de
los trazadores debe tomar en consideración, al igual que en cualquier ejercicio, la necesidad de una
“adecuada preparación física, tanto a nivel biológico, muscular como del sistema
óseo; esto incluye chequeo y control médico, además del acondicionamiento
psicológico”, aclara Walter Bongard, fundador de la Asociación Argentina de Parkour.
Enfilar las líneas de esta idiosincrasia concede gran cantidad de beneficios a todo nivel. “Si
se entrena adecuadamente, la condición física, el desarrollo de las habilidades y la fuerza
mental y espiritual avanzan ilimitadamente”, esclarece Cristian Rodríguez, precursor de la
Asociación Peruana de Parkour y del grupo Vanguardairs.
La práctica hace al maestro
Para los traceurs no hay imposibles, su propósito va ligado a la idea de que siempre habrá
más de una vía de escape y que ésta será quizás la menos esperada.
“Encontramos nuestra libertad en esto. El suelo lo conocemos, hace años que andamos en él,
pero ahí, donde pasamos, nadie ha pisado antes”, ilustra Belle. Rodrigo agrega que formar parte de
esta comunidad hace que, inevitablemente, el entorno sea observado de manera diferente porque “cuando
caminas por la calle no ves obstáculos, sino oportunidades”.
El secreto para alcanzar tales
grados de percepción
está en el adiestramiento y la concentración. Esas armas permiten “aprender y, por lo
tanto, estar seguro y tener probabilidades de conseguir con éxito el movimiento que quieras
realizar”, desentraña Sampayo.
Con estos requisitos bajo el brazo, sólo es
cuestión de tiempo perfeccionar los desplazamientos y poder ejecutar, en primera instancia,
“recepciones, brincos y flexiones con sus variantes”, explica Bongard, para posteriormente
alcanzar “rebotes de altura, precisión, longitud, ascensos y descensos”, contabiliza.
A este respecto, Cristian reseña que “la envergadura y la estética de los saltos pasan
a un segundo plano porque el parkour tiene un fin utilitario y no demostrativo”.
Como en toda
faena, los riesgos están a la orden del día. Sampayo hace hincapié en que “nuestro
seguro de vida es nuestro sentido común”, y Andry Bracho, traceur venezolano, integrante del Team
Parkour Anzoátegui, completa diciendo que existe la posibilidad de “dislocaciones de hombros o
desgarres musculares, si no se hace un buen calentamiento”.
Féminas trazadoras
No es una
sorpresa que el director de cine Luc Besson, orquestara un film cinematográfico inspirado en estas
insubordinadas correrías, de donde surgió “Yamakasi”, película que le dio
empuje a la tendencia. Tampoco es de extrañar que Madonna, en su video “Jump”, se valiera
de las destrezas de Foucan para representar a estos equilibristas metropolitanos, y que éste liderara
la excitante persecución en la película “Casino Royale”.
En este
interín, es menos asombroso descubrir que el mal llamado género débil actúe en
estas intensas aventuras. María Fernanda de la Torre, mejor conocida como Kat, integrante del grupo
mexicano Monos Urbanos, relata sus experiencias: “He aprendido que en parkour sólo somos mi
cuerpo y mi mente. Trato de explotar mi propia capacidad, sin pensar en las piernas largas de algún
compañero o en los brazos fuertes de otro”. Cargada de ímpetu y dedicación lleva
más de año y medio haciendo sus recorridos. Entre impulsos y piruetas, insta a sus homólogas
a dar cuenta del “valor que tiene la mujer, que en el fondo tiene deseos de llegar más
allá de lo que cree que es capaz”, concluye.