Por Nora Valerii Fotografía Alberto Delgado
Robustas y fértiles figuras concentran en sus zanjas el respiro prioritario
de la existencia. Roces cercanos se acoplan a un mundo tan antagónico
y la vez tan similar como lo masculino y lo femenino, lo tangible y lo etéreo,
lo espiritual y lo corporal, lo sereno y lo perturbado. Así se instaura
el progresivo anhelo del espiral de la vida: siempre gradual e infinita, siempre
de menos para llegar a más, radical e inconsolablemente cambiante.
En los resortes de un mundo suspendido en las paredes del gesto artístico
queda enclaustrada la “arcilla” primigenia de una obra que es la
extensión de un alma confeccionada para entregar mensajes de concordia
humana.
Desde la internalización de su misión pedagógica, y trepado
en el podium de una ciudad cundida de tesoros minerales, Miguel Salas Brandt
reviste su trayectoria artística de los matices altisonantes de la función
comunicativa y sensible del arte.
¿Cómo llegó a los canales expresivos del arte?
Comencé dibujando, pero no era mi aspiración ser artista. Se me
presentaba más bien en forma de hobby. Desde segundo grado de primaria
hasta bachillerato, me destaqué en las actividades de Pintura, sin embargo
nunca interioricé que tenía vocación.
En la adolescencia hacía afiches publicitarios psicodélicos. A
los 19 años entré formalmente a estudiar en la Escuela de Arte
Cristóbal Rojas y me especialicé en Arte Puro en los talleres
de Dibujo y Pintura. Luego empecé a indagar sobre el Surrealismo. Investigué
la composición de Dalí, las líneas de Rembrant y así
a otros maestros. Durante 15 meses me fui a Maracay para prestar servicio militar
y por mi buen desempeño logré una beca para ingresar a la Escuela
de Artes Plásticas Rafael Monasterios, allí egresé en las
vertientes Dibujo, Pintura y Escultura. Por esos días conocí la
arcilla, nunca la había tocado. Vi que su textura era muy placentera,
que en ella me sentía liberado y que podía producir formas más
instantáneas que en el lienzo o en el papel. Allí fue mi saludo
con la escultura.
¿Qué divergencias expresivas encuentra entre la Pintura, la Escultura
y el Dibujo?
Las tres se relacionan, aunque cambien los materiales y los recursos. La Escultura
en sí es un dibujo tridimensional palpable, táctil, y por ello
más exigente. Me sentí atraído por conocer y dominar el
material. En el Dibujo esto se logra a través de la división virtual
de planos y la interpretación netamente visual. El pintor debe dominar
el espacio bidimensional y el color.
¿Cómo ocurrió el tránsito entre estos géneros?
Al principio tuve el interés de pintar todo lo que me circundaba. Eso
empezó a saturarme. Luego, en las inmediaciones de los años 80,
comenzaron a usarse los tonos acromáticos como el petróleo, una
respuesta circunstancial subjetiva a lo que estaba sucediendo a nivel social
y político en el país. Eso me decepcionó de la Pintura.
Los matices como propuesta era lo que más me atraía, no podía
concebirla de otro modo después de admirar las obras de Van Gogh y el
color en su estado más puro, porque hay una fuerza trasmitida por él
que arropa todo un espacio.
En esa austeridad, la escultura y la talla me ofrecían sus volúmenes,
sus potencialidades táctiles y artísticas. Volví a la Escuela
Cristóbal Rojas y salí con el certificado de suficiencia en Artes
Visuales, fue entonces cuando superé mis traumas con respecto a los moldes.
Tenía muchas ideas, pero había que empezar a resolver la estructura
para lograr reproducir la imagen que quería por medio del material. En
el caso de la madera y la piedra, asumía un gran riesgo si cometía
errores en el cálculo del golpe. Era un aprendizaje muy lento, eso es
lo que a muchos desespera.
¿Nunca más regresó a la Pintura?
Si, todavía, hasta hace poco, dicté clases de Pintura en cuanto
a sus fundamentos, área importante para labrarse un lenguaje expresivo
propio y contundente.
¿Qué aportes le ha brindado el Dibujo y la Pintura a su propuesta
actual?
El Dibujo me aportó claridad en relación al diseño y seguridad
a la hora de representar una imagen, proporcionar y dividir el espacio. La Pintura,
aún cuando mis esculturas no son intervenidas con color, me ayudó
a transferir luz a los volúmenes.
¿Cómo sucede el diálogo entre el material y la imagen a
representar?
Hay dos posibilidades. O dejas que el material te hable, o tienes algo preconcebido.
En ambos caminos lo cardinal es conocer el elemento a modelar, de lo contrario
no hay forma posible de expresión. Eso se logra con el roce, el tacto.
La madera, por ejemplo, tiene su propio camino signado por vetas y líneas
a las cuales hay que adaptarse. No hay imposiciones sino diálogos con
la materia a esculpir.
¿Cuáles han sido los núcleos temáticos representados
a lo largo de su búsqueda artística?
La vinculación directa con el ser: la unión, la fraternidad, lo
filial y lo cercano. Esos fueron los motivos revelados tanto en las piezas abstractas
como en las figurativas, porque son las dos caras de la misma moneda humana:
lo palpable y lo etéreo. Siempre he estado conectado con la naturaleza,
la luz, la textura y, en definitiva, con el entorno. Porque nunca podemos separarnos
del todo de nuestro acontecer. Muchas veces los artistas se abstraen en búsqueda
de la inspiración. Otro de los tópicos rondados ha sido el espiral,
entendido como un ciclo de vida, es el símbolo que representa algo tan
incorpóreo como el recorrido existencial y los pensamientos cambiantes.
¿Cuál es la carga genética que contiene su obra?
Cada una de mis piezas me representa alegóricamente. En esas imágenes
reposa mi visión filosófica del cosmos, la naturaleza y el espíritu.
Me agrada la amistad, la confianza, el amor, la bondad, el contacto agreste
y la plena convivencia del ser humano, esa ilusión queda explícita
en los dúos inseparables, en las figuras contemplativas que miran al
horizonte de su interior. Somos parte de un todo, de los cuatro elementos que
nos resumen. Mi interés es sensibilizar ante ellos. Tenemos algo de aire,
fuego, tierra y agua, eso queda referido en el empleo de los distintos materiales
como la madera, el bronce, la arcilla, la resina o el cemento.
¿Qué posibilidades expresivas le brindan los diversos materiales
que ha esculcado?
La arcilla posee una mayor plasticidad en el modelado de la horma. Luego aparece
la instancia técnica de reproducir esa figura a través de moldes.
La piedra, como la cumarebo posee diversas cualidades: es noble, brinda textura,
color y porosidad, por ser de tipo caliza. Aunque es frágil, en su superficie
se reflejan fielmente los volúmenes, los surcos, las líneas, la
fuerza general. La piedra artificial, lograda en concreto, es más contundente
pero también más tosca. Su mensaje es más enérgico
porque al cambiar la textura se transfigura el mensaje.
¿Por qué sus piezas están marcadas por volúmenes
que remiten, indefectiblemente, a la anatomía femenina?
La mujer ha sido siempre un motivo recurrente en mi obra. Está presente
hasta en el escudo del estado Bolívar, zona en la que se funde con las
riquezas minerales. Es el símbolo inagotable de la fertilidad. Al principio
las trabajé sobrias y solitarias. Luego unidas, en compañía,
integradas al hombre como pareja.
¿Por qué la ausencia del color?
Porque de lo contrario estos materiales nobles no hablaran su propio idioma
y perderían su peculiar carácter, connotación e interioridad.
Normalmente, el arte es un concepto que sobrepasa al espectador porque pareciera
escurrirse, ser tan grande que no se llega nunca a descifrar.
Usted, que ha
sido certificado en Arte Puro, ¿cómo detecta la maestría
artística de una obra?
Cuando comunica. Hay cuantiosos códigos pero también variantes.
Muchos son buenos pintores, pero pocos los artistas. Quien llega a la cúspide
de la pirámide es porque aún le queda un mundo de cosas por decir
y, por tanto, ya ha conocido el arte. Es quien ha logrado dominar el material
y la técnica hasta el punto de no quedarse en ellos, sino superarlos,
inculcándoles un lenguaje expresivo y resolviendo los posibles obstáculos.
Cuando un autor no trasmite por medio de su obra, hay que dedicarse a otra cosa.
¿Qué le ha legado al arte?
Creo que más bien el arte es quien ha aportado a mi vida crecimiento,
evolución. A través de él descubrí mi vocación
docente, que nunca estimé tener. Creo que mi única y valedera
contribución la he consumado con mis alumnos de la Escuela Armando Reverón.
A ellos les he trasmitido mis experiencias prácticas y compositivas.
Si he trascendido más allá, eso lo dirá el tiempo.
¿Hasta dónde ha llevado su mensaje?
A algunas generaciones, tomando en cuenta la oportunidad que he tenido de dedicarle
mi esfuerzo a esta ciudad. En 13 años de ejercicio docente, he dictado
clases en la Unidad Educativa San José, la Casa de la Cultura del Ateneo
de Ciudad Guayana, en las fundaciones Artes Libres Cachamay y La Salle de Ciencias
Naturales, todas con sede en Ciudad Guayana. He liderado talleres de Dibujo,
Pintura y Escultura en la Fundación Escuela de Artes Visuales Armando
Reverón, he coordinado bienales como la César Rengifo durante
el 2002, 2003 y 2005, los talleres de Escultura en la Casa de la Cultura Ateneo
de Ciudad Guayana y participé en el V Salón Regional de Arte Unexpo,
realizado en homenaje a Francisco Narváez. Desde el año 2002,
he proyectado mi obra en 12 exposiciones colectivas en el Museo del Correo del
Orinoco, en Ciudad Bolívar; la Sala de Arte Sidor, la Cámara de
Comercio, la Universidad Nacional Experimental Politécnica (UNEXPO),
la Sala Del Sur y el Club Náutico, entre otros.
¿Qué lo ocupa y lo preocupa en su trabajo artístico actual?
En este momento siento que todo está cambiando a mi alrededor y esas
transformaciones me afectan. Estoy volviendo al Dibujo, planteándome
otro espacio y otro tipo de lenguaje. Ya pasé la parte primitiva dentro
del arte: la talla en madera y piedra. Ahora estoy interesado en los tecnicismos
de la fundición en bronce, así como en la investigación
de otros materiales.