Por Atamaica Rios Ilustración Eric Viafara
Nada mejor que energizar nuestro panorama físico y personal con el impulso alentador de
satisfactorios orgasmos, sacudidas que constituyen el más breve fenómeno corpóreo
estudiado. Cúspide de tan sólo segundos de excelsitud, el individuo es rebasado por el
placer, hasta sentir que pierde el conocimiento. Sin embargo, el horizonte de su vivificante beneficio es
ensombrecido por su contrafigura: la anorgasmia, también conocida como disfunción
orgásmica.
“Es un síndrome sexológico en el cual la mujer no logra la
satisfacción. Puede o no excitarse, pero finalmente no consigue sentir el orgasmo, que es la
sensación de placer intenso durante la relación íntima”, define Rosaurora
Cárdenas, especialista en Sexología Médica y coordinadora del postgrado en esta
rama del Centro de Investigaciones Psiquiátricas, Psicológicas y Sexológicas de
Venezuela ubicado en Caracas.
Este mal ahuyentador del gozo es reconocido “por la ausencia de
placer, tras una fase de excitación normal producida a través de una estimulación
que pueda considerarse adecuada en intensidad, duración y tipo”, como lo explica la página
web del Centro de Urología, Andrología y Sexología de España, emplazado en
Madrid y Palma de Mallorca, www.cuasba.com.
Sin embargo, si la inducción no es la correcta y el
acto no satisface sus necesidades, el éxtasis se inhibe, pero no a causa de este síndrome.
Su aparición se evidencia mayormente en mujeres jóvenes, quienes lo arrastran por muchos
años, incluso por el resto de sus vida. En países como México, se sabe que “80%
de las aztecas padecen de anorgasmia en el sector rural. En la ciudad, el porcentaje se reduce a 40%”,
esto gracias a un estudio realizado en el 2005 por la psicóloga Vivianne Hiriart publicado en el diario
electrónico “La Jornada”. Para ella, este padecimiento se debe a costumbres arraigadas,
“la tradición es que la sexualidad femenina está para satisfacer al varón”,
señala la entendida.
Pese a no existir estadísticas venezolanas que grafiquen este trastorno,
un grupo de investigadores integrados por Ricardo Szemat Nikolajenko, Carolina Zamora, Ricardo Szemat Daher,
Carlos Dugarte y Carlos Mujica, elaboraron un informe con el fin de estudiar la “Disfunción
Sexual e Incontinencia Urinaria Femenina en un Servicio de Urología”, razón por la cual
evaluaron a 430 mujeres del Hospital Dr. Domingo Luciani de Caracas, entre el 01 de abril de 2003 y el 31 de
julio de 2005. Los resultados arrojaron cifras que asoman el estatus de esta afección: “96
Mujeres (22,32 %) tuvieron como motivo de consulta disfunción sexual de diferentes tipos, 21 de
ellas (13.29 %) padecía de anorgasmia”.
Los culpables
Esteban Cañamares Medrano,
psicólogo y sexólogo, profesor honorario de la Universidad Autónoma de Madrid y
especialista en terapia de pareja, familiar y sexual, revela la etiología de la anorgasmia
señalando que “no se hereda, ni genética, ni culturalmente, aunque sí es cierto
que una educación estricta puede facilitar el problema”.
Sus 15 años de experiencia
y el fungir actualmente como director del grupo Especialista y Profesional de Esteban Cañamares
(E.P.E.C), esfera que reúne a entendidos en Psicología Clínica dedicados a la
psicoterapia de adultos, le ha permitido detectar algunas fuentes de este desequilibrio, entre las que
se cuentan “el miedo a ser atrapada por una lujuria incontrolable, el temor a sentir inclinaciones
homosexuales no reconocidas, una formación sumamente estricta en la infancia y la adolescencia que
impida relajarse lo suficiente durante la relación sexual; el recelo a entregarse emocionalmente al
otro y los deseos inconscientes de causar frustración en la pareja, son parte de los orígenes
más o menos involuntarios en el apartado psicológico. En cuanto al ámbito físico,
hay pocas causas. Algunas pueden ser: uso de antidepresivos o daños graves a nivel
neurológico”, enumera.
Al tiempo, Cárdenas relata otras tantas raíces
como “haber enfrentado abuso sexual infantil o una experiencia sexual traumática, como una
violación; poseer creencias socioculturales y religiosas ortodoxas, la falta de estimulación
durante la relación, una deficiente instrucción sexual, discordia en la pareja y el haber
experimentado un parto traumático o un embarazo no deseado”. Entre las razones tangibles
destaca, “malformaciones del aparato genital femenino, infecciones vaginales o urinarias y trastornos
hormonales”.
Diferentes versiones de un mismo camino
La especialista, quien también
se desarrolla como Médico Adjunto del Centro Nacional de Rehabilitación Alejandro Rhode,
determina dos modos de anorgasmia, la “tipo I, cuando la mujer no logra excitarse durante la
relación sexual y no hay lubricación; la tipo II, sucedida cuando la mujer se siente
estimulada pero no logra la sensación orgásmica”.
Cañamares divide
las variantes según cuatro características: “Primaria, cuando nunca se ha conseguido
el orgasmo; situacional, si sólo hay incapacidad para lograrlo con determinada persona o en un
escenario específico; secundaria, en el caso de que la persona, tras años de funcionamiento
orgásmico normal, no lo alcance; y la coital, decretada cuando no se obtiene el orgasmo durante
el acoplamiento, pero sí mediante la masturbación solitaria o en pareja”. También
se estima que las mujeres alcohólicas y consumidoras de drogas o tranquilizantes sufren frecuentemente
este mal.
El portal www.cuasba.com discrimina la tipología según fuentes orgánicas
y psicológicas. La primera se manifiesta en 5% de las mujeres padecientes como secuela de alguna
enfermedad o traumatismo en la zona genital. Las psicológicas, las más comunes, inician
desde la forma en cómo la mujer asume su compromiso con la relación (él no me gusta
lo suficiente, no es el hombre de mi vida), hasta el temor a ser abandonada o a afirmar su dependencia.
También hay que contemplar que los factores mencionados anteriormente, como la falta de conocimiento
sexual del cuerpo, depresión y tensión, entre otros tantos, aportan su grano de arena.
Se busca el placer
Aproximadamente 95% de las mujeres que experimentan anorgasmia pueden alcanzar
la cúspide de la repuesta sexual a través de un tratamiento terapéutico.
Las primeras consultas evaluadoras arrojarán un panorama en relación a qué obedece la
aparición del problema, lo que ayudará en mucho al especialista en cuestión a desarrollar
las estrategias más acertadas.
Cañamares explica que su tratamiento “consiste en una
combinación de terapia profunda para resolver los miedos inconscientes; ejercicios
físicos-sexuales diseñados para la persona o pareja consultante; la reorganización,
si el obstáculo procede de la comunicación, y el reparto de poder en el equipo amatorio”.
Cárdenas además incluye en su sistema “realizar un examen físico para descartar
malformaciones”.
Mediante la terapia psicológica, quienes sufren de anorgasmia deben
aprender a centrar su atención en las sensaciones previas al orgasmo, para así desarrollar
y experimentar, sin inhibiciones, esta respuesta natural destinada a proporcionar deleite. El apoyo
de la pareja, la autoexploración del cuerpo, la constante búsqueda de información y el
asumir las relaciones sexuales como un acto natural son acciones fundamentales para vivir encuentros placenteros.