Por Nora Valerii Fotografía Prensa Casa club tv
“Es un orgullo muy grande que mi programa cumpla una década de vida y que aún cuente con la preferencia del público en 18 países de Centro y Suramérica”, así Lucy Pereda agradece a los espectadores que desde hace 10 años siguen las coordenadas de su espacio “En casa de Lucy” a través de la internacional pantalla de Casa Club TV, el primer canal temático dedicado en cuerpo y alma a llevar, a sus más de ocho millones de televidentes en Estados Unidos y Latinoamérica, las más vanguardistas tendencias en cocina, decoración y estilos de vida emplazados en el circuito del hogar.
Al oír las campanadas de su natal La Habana, en Cuba, Pereda socava la nostalgia que acude a su garganta por una patria que hace mucho no palpa y de cuyo gentilicio ha esterilizado la alegría. “Espero algún día poder volver y que el público cubano pueda disfrutar de muchos beneficios y oportunidades, eso es lo que merece su destino”, subraya con esperanza.
De plácido verbo, esta nodriza casera recobra la venia de una vida lacrada por la calidez filial. “Desde pequeña disfruté mucho del núcleo familiar”, esfera integrada por su hermana Marilú, dos recordados hermanos varones que ya no están y una madre germinada en la provincia de Maguey, “de donde son las mujeres más lindas de Cuba. Era sumamente fina, delicada y de formación balanceada”, recuerda mientras adiciona al clan a un padre médico de quien heredó “la preocupación por los temas de salud y la paciencia para explicar las cosas”.
Contabilizar los campos de sus fértiles aptitudes es una suerte de insolente retahíla. En tiempos de revolución fidelista tuvo que fundar una nueva vida en límites norteamericanos. “Como papá era médico, lo ubicaron en Baltimore, pues las autoridades trataban de asegurar a los inmigrantes profesionales plazas de trabajo. Allí cursé estudios de diseño en el Institute of Art, pero luego decidimos mudarnos a Puerto Rico porque el clima era inclemente”, evoca mientras traza sus primeras inclinaciones.
De ser estudiante pasó al modelaje y “desfilé para los diseñadores Fernando Pena, Rafael Mojena, Carlota Alfaro y para los catálogos de las tiendas por departamentos Bloomingdale’s y Saks”. Tal palestra la hizo figurar en comerciales de televisión y más adelante dio cuenta del estado del tiempo en el noticiero Teletiempo, de WAPA TV canal 4 de Puerto Rico, bajo condiciones muy especiales: “Me pidieron que escribiera las temperaturas al revés para que la gente pudiera leerlas con claridad. Pude hacerlo porque había tomado cursos de dibujo arquitectónico y de proyección, aprendí a delinear objetos mirándolos con los ojos del cerebro, eso entrenó mi mente”, así despunta una curiosa capacidad que le valió el afecto y admiración de los televidentes, a tal punto que “no se perdían el programa, la gente practicaba hasta en los cristales del baño, eso me lanzó a la fama”, replica agradecida.
A la par, le quedaba tiempo para abrir en la capital boricua “Lucy Pereda Boutique”, una tienda de alta costura creada desde las líneas de su creatividad. De esta época aprendió a admirar la visión de Oscar de la Renta y Carolina Herrena, “a quien tuve la oportunidad de conocer” y entendió que la elegancia “radica en saber cómo es tu cuerpo y vestirte para realzar tus mejores rasgos y disimular aquellos que no son tan favorecedores. No es más que tener un sentido lógico de propiedad”, define.
Entre destrezas amoladas y metas por cumplir, volvió a territorio estadounidense ya casada con Rafael Fusaro, quien actualmente, y luego de un cordial divorcio sucedido hace más de 20 años, funge como su manager: “Encontramos la fórmula saludable de comprensión y perdón que ha mantenido a nuestra familia unida”, un núcleo integrado por una hija, dos hijos y una nieta.
En esos parajes alimentó su condición de estrella al prestar su belleza y simpatía para conducir magazines matutinos en Univision Television Network, época de la que recuerda sus comienzos en el programa “Mundo Latino, con Jorge Ramos; luego en TV Mujer; fui anfitriona del festival de la Organización de Televisión Iberoamericana (OTI), los Premios Lo Nuestro y luego quise producir mi propio programa”, meta cumplida en 1997 cuando gestó el espacio “En casa de Lucy”. Es su mentora, productora y ama vitalicia, empeño que ha fundado más de 360 entregas, de media hora cada una, trasmitidas de lunes a viernes. “Es como un hijo a quien le he dedicado mucho esfuerzo, cariño y empeño”, sorteando varios tropezones que han amaestrado su entereza pues “hay tiempo para llorar y para salir adelante. A veces las lágrimas te hacen más fuerte”.
En este elenco de actividades, si algo define su desempeño es la fijación que siente por “la cocina saludable, por eso escribí ‘De mi Cocina’, un libro con más de 220 recetas bajas en grasas pero con mucho sabor”, reconoce con merecida inmodestia.
Impecable y de fina silueta, como es de esperarse, Pereda retoma los principios de su dieta diaria, de cuyo eje execra las grasas saturadas que vienen adosadas a los alimentos derivados del reino animal, “ya que al organismo le cuesta mucho eliminarlas y tiende a depositarlas en las arterias. Evito el sirope de maíz, dejo las grasas y carbohidratos para las horas de mayor actividad, hago ejercicios y aumento mi dosis de vegetales y frutas de colores intensos, porque son los que contienen más vitaminas y nutrientes”, señala deshilvanado útiles sugerencias.
Actualmente, y desde el 2004, se apoderó de los micrófonos de la emisora Mambi de Miami para conducir “El Show de Lucy”, tribuna desde la que continua indagando en torno a los temas que han caracterizado su filosofía de vida: “Me fascina tomarle el pulso a la comunidad. Es un programa revista al estilo botica, dejo que la gente llame, tengo invitados expertos en salud, bienestar y doy consejos”, describe.
Como flamante ama de casa, y para dar el ejemplo, esta “obrera de la televisión”, como se define, es una mortal más. “No tengo problema en barrer, trapear, cocinar o planchar, lo que no me gusta hacer es la lavandería porque hay que estar separando los colores”, revela sin falsas poses.
Entre tantos consejos y pócimas decorativas, Pereda detalla los estilos hospedados en su nido personal: “Mi casa es sencilla, no vivo con grandes lujos, tengo una mezcla de muebles clásicos. En la sala dominan los colores ocres, naranjas y mostazas y las paredes son neutrales, porque me gustan las obras de arte; el comedor es de estilo francés. No me agrada la aglomeración de adornos, sigo mucho las premisas del Feng Shui, por lo que siempre dejo espacio para que fluya la energía positiva. En algunos ambientes coloco una que otra vela de rico olor”.
De los objetos materiales que guarda con recelo en su templo privado “lo que más aprecio es una pintura que tengo de Ángel Botello, artista plástico español de estilo primitivista que vivió en Puerto Rico. Es el símbolo de la infancia de mis hijos. Otra de mis reliquias son los álbumes familiares, repaso sus hojas los domingos en la mañana y, de vez en cuando, se me sale una lágrima”.
Como icono triunfador de la mujer latina, retoma que uno de los mayores desafíos que enfrenta esta estirpe radica “en abrirse paso a nivel profesional en igualdad de condiciones con respecto al género masculino. Muchas compañías han apreciado la intuición feminina como un oportuno atributo en la toma decisiones pero, en su ansia de emancipación, han fundado nuevos peligros como la infidelidad, el desmembramiento de la familia y la promiscuidad, permitiendo ser vista como un objeto decorativo a merced de lo sexual. Creo que la decencia se debe poner nuevamente de moda”, asevera con juicio crítico.
Los hilos comunicantes de las vivencias asumidas, entre las que se cuentan su paso histriónico por telones teatrales, novelas, películas y hasta su brío vocal en la comedia musical “Life with Father”, escenificada en su versión original por José Ferrer en Brodway, están cosidos por “el amor a la vida, cada paso que doy está empapado de una fuerte pasión”, sentimiento que ha permitido la vigencia de su púlpito internacional.
Aunque de Venezuela conserva lejanos recuerdos de una visita relámpago en el marco de una entrevista realizada por Maite Delgado hace algunos años, Pereda perfila las virtudes de un país posado en un privilegiado asiento de su corazón por ser televidente consecuente de “En casa de Lucy”.
En su restringido ocio eventual, se complace en compartir con su familia, en ver series policíacas, en emprender copiosas lecturas de revistas y libros, en visitar los mercados de arte y alimentos, en sus estadías frecuentes en Portland, Oregon, para saludar a su hija y disfrutar del fresco clima, variedad de flores, nieve y de los viñedos que ofrece este paisaje.
Tales pasatiempos los conjuga con la producción y conducción de la sexta temporada de “En casa de Lucy”, estrado que en 60 episodios ofrece una imagen renovada con “programas especiales en exteriores dedicados a los edenes de Portland, la feria de jardinería en San Francisco y un paseo por las bodegas californianas de Napa Valley para ver cómo se mantienen los cultivos de uva y el proceso de selección del buen vino”. En su inventario de novedades también conversará con invitados especiales, emprenderá remodelaciones rápidas de hogares, fusionará diversas tendencias decorativas, además de las manualidades, arreglos florales, recetas y consejos de siempre para hacer del hogar “el espacio más acogedor posible”, todo un universo que también es indagado a través de sus columnas “Casa”, que nutre las páginas de la revista People en Español, y “Consejos de Decoración”, inserta en el diario Nuevo Herald de Miami.
Es así como rubrica todo un universo de posibilidades impregnado de su filosofía, sus habilidosas virtudes y de un sello inconfundible con sonrisa de mujer, tesón de madre y casta de ganadora.