Robin Williams en la cinta Patch Adams alegró los corazones de miles al certificar los regocijantes efectos de este tónico de dicha. Lo cierto es que reírse dispensa, gratuitamente, ráfagas de entusiasmo físico y espiritual con amplio sentido terapéutico

Por Kharolina López Ilustración Eric Viafara

“Un espíritu alegre es una buena medicina,mientras que un espíritu melancólico seca los huesos”
Proverbios 22

Desde la génesis de la humanidad, la risa ha ocupado un lugar trascendental en la vida del hombre, los pueblos y las religiones. El repique de su valor se registra en pensadores como Sócrates, para quien “la alegría del alma formaba los bellos días de la vida”, y Aristóteles, gran estimador de este “ejercicio valioso para la salud”.

¿No le ha sucedido que después de reírse a carcajadas se siente renovado? Ciertamente, no se trata de una impresión, sino de una consecuencia tan optimista que su incidencia en el organismo ha dado pie a una nueva mirada de la medicina moderna, la risoterapia que, según evidencias científicas, demuestra que la risa, como expresión de alegría, afecta positivamente los sistemas cardiovascular, respiratorio, inmunológico, muscular, nervioso central y endocrino, además de ser un valiente soldado en el combate contra el estrés.

“Después de reír nos sentimos mejor y eso es porque la risa te conecta con tu niño interno, ése que es plenamente feliz, que juega siempre y espera lo mejor de la vida”, explica Menahem Belilty, precursor de la risoterapia en Venezuela, mientras asegura que este estímulo enlaza al ser humano con la esperanza, el amor y la tolerancia.

Fisiológicamente, sus frutos no son pocos. Dobla la capacidad respiratoria, relaja los músculos, dinamiza la circulación sanguínea y reanima el aparato endocrino, ya que, cuando se abandona a esta catarsis, resulta imposible pensar en paralelo. A la luz de este arsenal de ofrendas, ¿por qué los seres humanos nos reímos tan poco? “Porque no se dan el permiso de hacerlo. Reírse facilita la digestión, al hacer vibrar el hígado; evita el estreñimiento, propicia la eliminación de la bilis e incita el bazo. Se tonifican los músculos del rostro, porque una carcajada sostenida activa casi la totalidad de ellos y genera una sana fatiga que reduce el insomnio”, enumera Belilty.

Génesis terapéutica
“El buen humor prolonga la vida. Chaplin murió a los 88 años, Marx a los 86, y no Carlos, sino Groucho Marx, el comediante estadounidense. Su par francés, Moliére, alcanzó los 53, y aunque en este caso es natural pensar que cinco décadas no es mucho, hay que tomar en cuenta que en el siglo XVII, vivir más de 30 años era un milagro”, narra quien es conocido como el “risólogo 001 de Venezuela”.

Belilty cuenta con una sonriente trayectoria en este oficio. Ha formado parte de agrupaciones tan destacadas como cómicas de la talla de Alpargata Cantorum y Folie Vergué Takititá. Enrolado a este hábito, explica que la aplicación de la risoterapia como técnica científica inició hace unos 30 años gracias a Normas Cousins, editor de una revista estadounidense a quien le diagnosticaron una enfermedad aparentemente incurable que lo dejó postrado en una cama, con un dolor tan intenso que difícilmente podía moverse o dormir. Debido a los consejos de un doctor amigo, Cousins decidió darle un poco de alegría a sus últimos días, viendo películas de los comediantes Hermanos Marx. “Descubrió que riéndose por 10 minutos se le quitaba el dolor del cuerpo durante dos horas, lo que lo llevó a conseguir el antídoto de su enfermedad ‘incurable’, proceso que luego describiría en sus libros ‘Anatomía de una enfermedad’ y ‘Principios de autocuración’, todos con impresionantes descubrimientos respecto a los favores de la risa y las emociones positivas”, describe Belilty.

Basada en acciones que combinan movimientos con expresión corporal y las diferentes risas con cada una de las vocales, esta técnica “pretende que la persona aprenda una serie de ejercicios que la conectan con la risa sin razón aparente, es decir, que no necesite de alguien que lo haga reír, sino de sus ganas y la decisión de hacerlo”. Al tiempo asevera que “la risoterapia pretende que cambiemos nuestras percepciones de la realidad, para que nos conectemos más con lo positivo que con lo negativo, y que estemos más dispuestos a reír que a sufrir”.

Risas por el mundo
En la India, los Clubes de la Risa, liderados por el doctor Madam Kataria, se han extendido a 1.300 alrededor del mundo, allí se encuentran quienes, sistemáticamente, se unen para reír, siendo el Club du Rire en París uno de los más importantes. Canadá, Alemania, Francia, Suiza y España son pioneros en esta modalidad alternativa de terapia. América Latina no se ha quedado atrás, y cuenta también con profetas, como los venezolanos Menahem Belilty y Lisandro López Herrera, médico oncólogo quien desarrolla actualmente estudios que comprueban que las personas que ríen poco, o carecen de sentido del humor, son más propensas a padecer enfermedades graves como el cáncer.

“Trabajé como humorista desde 1983 y pude ver cómo, durante una hora de risas, la gente transformaba sus rostros pasando del estrés, rigidez y angustia, a una cara de máxima felicidad y relajación. Me dije, ‘hay algo aquí que sucede con la risa que es maravilloso y vale la pena investigar”, comenta Belilty explicando su interés en la risoterapia. “Me conecté con la risa como terapia y, en 1993, comencé con charlas y talleres. En 1998 escribí el primer libro de la modalidad en el país, titulado ‘Risoterapia, curarse con risas”. Se trató del inicio de un fenómeno nacional que crece a la par de la necesidad de inyectarle alegría al día a día.

Un viejo consejo chino dice que para estar sano hay que reírse al menos 30 veces al día, pero si su tiempo y disposición no le permiten tal cantidad de gratos paréntesis, vale vincularse a menudo con shows humorísticos, libros de chistes y humor, obras de teatro cómicas, películas y música del género, fuentes que producen carcajadas a borbotones.

Demostrado sus influjos, ¡A reír se ha dicho!; ríase en defensa propia pues los efectos son fantásticos y, sin ser avaro, obséquiele a quienes le rodean la mejor de sus sonrisas, que vale mucho para quien la recibe, y no cuesta nada a quien la brinda.