Por Trina C. Ballesteros Gil Fotografía Saúl Uzcátegui
Aferrado al periodismo, el escritor neogranadino Gustavo Bolívar Moreno ha desentrañado, de sus investigaciones e historias cundidas de realidad, verdades que para muchos resultan incómodas. Inspector de las taras de su contexto, dicta los vicios explayados en la universalidad del existir. En este ensimismamiento halló el fin último de su cometido profesional: “Me mueve la injusticia, la corrupción política que siempre ha habido en mi país, la violencia. Siento la necesidad de contarle al mundo todo ese drama para que comprendan a Colombia y sus ciudadanos, porque suelen estigmatizarnos”.
Su pluma se ha convertido en un severo dardo que ha descubierto temas tan álgidos como fraudes electorales, el asesinato que involucra al cantante de vallenato Diómedes Díaz y actos de corrupción en las cúpulas del poder. Ese mismo prontuario ha incitado guiones de televisión como la serie “Pandillas”, argumento que marcó pauta en la pantalla chica colombiana al plasmar, durante siete años al aire, el día a día de la nación, como en otrora lo hiciera en Venezuela el fenómeno “Por estas calles”.
Sin embargo, este espíritu nómada por naturaleza, ha sentido el temor de estar en la mira por contar más de la cuenta. “He recibido amenazas, sobre todo cuando en el libro del Congreso denuncié nombres. En el caso de Diómedes Díaz, tuve algunas advertencias, no podría decir que fueron amenazas. Me enviaban mensajes para que no publicara ciertas cosas, más que todo señalé a sus escoltas porque consideraba que él solo no había hecho eso”.
Pese a la controversia que forzosamente viene adosada a su firma, la historia de una ambiciosa niña que condicionó su felicidad a la talla de su sostén fue lo que, en definitiva, puso su nombre en boca de todos. Aún no oculta su asombro ante el enorme boom editorial y televisivo, fuera de su terruño natal, de la novela “Sin tetas no hay paraíso”: “No lo esperaba, ni siquiera la editorial, el primer tiraje fue sólo de mil libros. Creo que la cadena Caracol tampoco lo imaginaba porque, de lo contrario, hubiera hecho muchos capítulos. Ellos me compraron sólo 13 y luego los convencí de que me permitieran hacer 26, porque la historia no cabía. Aceptaron a regañadientes. Luego de medir la increíble sintonía me solicitaron primero 50 y luego 100 capítulos, pero les dije que no podía, que la había planeado y escrito así”, recuerda.
A diferencia de la actriz que encarna a la Catalina de la novela que fue transmitida en nuestro país por las pantallas de Televen, el personaje principal de la versión original es una chica de 14 años. Tan corta edad fue un impedimento para legarle a una niña un papel lleno de sordidez. “Lo que duele son las tantas violaciones y engaños que sufre una pequeña”, reflexiona Bolívar Moreno.
Aunque pronto la punzante tesis de “Sin tetas no hay paraíso” será llevada a la gran pantalla por un estudio hollywoodense, la ambientación se dará en territorio mexicano. “Allá está ocurriendo lo mismo. Hay mafias, narcotráfico y mandan a operar a las niñas a Colombia”, señala. Uno de los cambios que contemplará el filme es que en vez de emigrar de Pereira a Bogotá, Catalina irá de Monterrey a Los Ángeles, además de que “la historia tendrá que ser mucho más ajustada a la trama del libro de lo que fue la serie”, advierte.
Al hablar de la reprimenda de la que fue objeto en Venezuela su “ficción”, al ser desplazada del horario inicial de las nueve al de las 11 de la noche, por contemplar la palabra “tetas” en su identificación, Bolívar Moreno acota que esa medida impidió que la novela llegara a sus verdaderas destinatarias: “La escribí para las niñas, no para los adultos. Ellas son las que deben saber todo lo que le pasó a Catalina, para que no lo repitan en su vida. Si hubiese sido una censura seria, por lo menos se hubieran tomado la molestia de pedir material al canal para ver de qué trata la serie. Pero no, se dejaron llevar por el título”.
Sin reservas, y como buen censor de la realidad, no evade el tema político venezolano. Con su aguzada visión, señala que en nuestro país “el problema no es si Chávez gobierna bien o mal, no vengo a calificar eso, sino que la oposición está resignada, lo que, aunado a la incertidumbre que se respira, crea miedo y eso mata a un ser humano”.
Equiparando ámbitos, revela su aprobación a la tradición democrática colombiana y a la gestión del presidente Uribe Vélez, quien “es diplomático y mantiene su posición de estadista. Venezuela tiene una oposición tan ramplona como su mandatario. El país, a la postre, pagará caro los desafíos de Chávez a la comunidad internacional”, sentencia.
A finales del 2006 publicó “El suicidario del Monte Venir”, novela menos polémica pero cabal y completamente literaria, cuya última letra fue tecleada en la grandiosa cima de la Pirámide del Sol en México y con la cual pretende cautivar a los lectores, más allá de los tópicos meramente comerciales. “Mis próximos libros tienen que ser así. Uno debe ser franco con su modo de vida. Lo que ocurre es que los textos 100% literarios, mientras se logra la proyección, no dan para vivir”, de allí que intercale las apetencias de la televisión productiva con su auténtica vena. Actualmente idea las circunstancias y personajes de “Infieles Anónimos”, el nuevo dramático que confecciona para el canal RCN, a partir del cual abordará las diferentes caras del engaño.
Concluyente y lapidario, Gustavo Bolívar Moreno recuerda la convicción que lo hace vivir en el filo del riesgo y pule la sabiduría de una frase incluida en “El suicidario del Monte Venir”: “No te tomes la vida tan en serio, porque al fin y al cabo no saldrás vivo de ella”.