Compilar juguetes antiguos es acaparar la magia de la niñez en una botella de cristal.
Ése es el hobby con el que José Miguel García se ha dado la tarea de contener
la risa inocente y el júbilo sencillo que encierran las más de mil piezas vetustas que
ha logrado recaudar
a lo largo de 27 años de búsqueda regocijante
POR Vanessa Mata FOTOGRAFÍA
Juan Sixto García Navarro
“En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará falta”
Pablo Neruda
Hay quienes buscan disfrutar la candidez de la vida encarnada en trozos de hojalata, porcelana, celuloide, baquelita, hierro, madera, y todo aquel material en el que se reprodujeron los juguetes de antaño, justo antes de la revolución del plástico.
José Miguel García y su esposa Rosario Navarro, forman parte de esa cosecha de fanáticos embelesados con la gracia y personalidad almacenada en objetos infantiles pretéritos, fervor propiciado por sus padres. “Al comienzo de la década de los 80, durante las fiestas de Navidad, me regalaron 10 ó 12 viejos juguetes que habían conseguido en una antigua tienda que estaba cerrando. Entre ellos se encontraban algunos con más de 30 años”, rememora este español radicado en Cantabria, quien además es técnico en Empresas Turísticas.
Junto a Rosario, con quien ha compartido su vida durante los últimos 33 años, ha emprendido una alegre pesquisa que alcanza mil piezas en las que ha invertido unos 250 mil dólares por puro placer: “Me gusta la sensación de trasladarme en el tiempo. Son juguetes tan sencillos como permitía la economía del momento, que estaba pasando por los duros años de posguerra”, evalúa al señalar que ninguna de sus joyas supera en cronología a la década del 70, cuando los recursos materiales y monetarios escaseaban.
A medida que se sumaron nuevos tesoros, el muestrario, iniciado hace casi tres décadas, fue ganando terreno en el hogar y “la estantería se empezó a quedar pequeña. Al cabo de los años los pasé a una vitrina, a dos, a tres, hasta que llegó un momento en que ya no cabían en casa y tuvimos que alquilar un almacén donde guardar el resto de los juguetes”.
En su listado, la mayoría de las posesiones datan del final del siglo XIX. Entre este grupo tiene lugar una de sus figuras consentidas, “un juego de construcción fabricado en Alemania en 1895 por la casa Richter”. Los más jóvenes, fueron elaborados en la segunda mitad de los años 60, “de éstos, mi favorito es una pista de Scalextric con dos coches Seat 850 Coupé Abarth de la época”, relata.
Evitando ofender con más predilecciones, afirma que “no hay una pieza que tenga más valor para mí, salvo el sentimental, que el que tienen los juguetes que tuve de pequeño, como fueron los fuertes, indios y vaqueros”, asegura este amante de lo lúdico.
Ojo avizor
Al hablar de los carriles en los que halla sus futuras adquisiciones, García comenta que emprende su búsqueda tanto en tiendas especializadas en antigüedades como en Internet. No importa si la pieza es fabricada en España o en cualquier otro país, lo que sí puede significar un obstáculo es que “el juguete tenga un excesivo precio”, sentencia con claridad.
Afinando sagacidades, afirma que “la experiencia y el conocimiento del mercado son muy importantes a la hora de comprar, pues en este mundillo, salvo en casos muy concretos, la gente no acierta con el precio que solicita”, explica el experto, quien ha aprendido que el valor monetario de un juguete tiene que ver con “el tiempo empleado en conseguirlo, así como el trabajo de investigación, clasificación y mantenimiento”, de allí que sea fundamental ser paciente a la hora de conquistar un nuevo trofeo.
Aunque su carrera profesional no roza la restauración de antigüedades, se ha dado a la tarea de curtirse autodidactamente en ese arte. “Tengo enciclopedias relacionadas con el tema que han ido abultando mi biblioteca. También estoy suscrito a varias revistas de este tipo, pero quizás lo que más utilizo actualmente es Internet, sobre todo para el trabajo de investigación, localización y compra”, revela.
Aumenta la familia
La creciente recopilación que ostenta García estimuló la idea de crear la página web www.juguetesantiguos.net, site operativo desde hace un año con el objetivo de fungir como catálogo bajo las categorías “niño, niña, y los mixtos. Además hemos querido hacer un apartado para los juguetes que se vendían en los quioscos que, aunque no eran tan impactantes como los ofertados en los bazares, tenían el encanto de poderlos llevar a cualquier sitio y, debido a su bajo precio, los podías pedir más a menudo o incluso alcanzar a comprarlos con la pequeña asignación semanal”, especifica.
En esta última tipificación aparecen dos rubros más: uno dedicado a los hechos en papel y otro que contiene comics y cuentos. Es así como en este altar que rinde pleitesía a la infancia convergen colegas de todo el mundo, pero principalmente españoles.
Para la historia
En el verano de 1993, el Ayuntamiento de Santander concedió al valioso repertorio de García un espacio exclusivo en el marco de “Los baños de ola”. Mientras que en 1998 conquistó, en la Cantabria española, el sitial de honor en la exposición “El siglo de los cambios”. Más tarde, en el año 2004, su colección engalanó el área central de Santiago de Compostela y la sala de exposiciones “José Hierro” del Ayuntamiento de Noja, también en Cantabria.
Así como la generación actual disfruta de resucitar el pasado a través de los juguetes que acompañaron sonrisas ingenuas, nuevas descendencias querrán también revivirlo. Para ello, García y Navarro nutren el sueño de que su serie repose ante la mirada universal en un futuro cercano: “Queremos exponerla permanentemente. Necesitaremos hacer un trabajo de ampliación y mantenimiento que supone una gran inversión”, precisa. Tal ambición requiere de “la ayuda de algún ayuntamiento con el fin de que sea éste el que conserve y aumente la colección en años venideros”, sugiere García, quien está seguro de que sus reliquias, tan selectivamente elegidas, podrán aflorar los recuerdos y la sensibilidad de quienes guardan en su corazón la carcajada alojada en la niñez.