Si soñar con el abdomen
de Jessica Alba se ha vuelto una obsesión y anhelar la escultural planicie de la reina del pop, Madonna, es un verdadero karma existencial, sondee los beneficios que promete la cirugía plástica que le arrebatará peso de la barriga y le adjudicará kilos de felicidad

Por Pamela Velasco Ilustración Eric Viafara

“Me siento más ligera, con más entusiasmo para hacer las cosas, mi autoestima está renovada, me quité varios años de encima y me veo mucho mejor. Quienes me conocieron antes y me ven ahora, notan el cambio inmediatamente”. Este es el complacido testimonio de Santi Brito, quien hace año y medio entró al quirófano para que le practicaran una abdominoplastia, también conocida como dermolipectomía, procedimiento que desaloja el exceso de piel, corrige la flacidez y elimina la grasa sobrante del abdomen.

Esta necesidad apremiante por mejorar la apariencia se ha vuelto un boom en la sociedad criolla, tanto por el embellecimiento corpóreo que descorre como por los favores que patrocina en las esferas de la salud física y emocional. En tal sentido, la renovación de aspectos puntuales de la anatomía genera una positiva reacción en cadena cargada de placidez y bienestar.

La buena noticia es que el sueño se ha hecho realidad, tanto para hombres como para mujeres que han padecido deformación ventral. “El objetivo primordial es corregir el daño funcional y estético del abdomen producto de los embarazos, exceso de grasa, envejecimiento, secuelas de cicatrices venidas de cirugías anteriores o estrías”, aclara Luisa Gil, cirujano estético y profesora del postgrado universitario de Cirugía Plástica y Reconstructiva del Hospital Carlos J. Bello, emplazado en Caracas.

Además de nivelar la sobrante panza, esta intervención puede ser aprovechada, en el caso femenino, para “hacer lipoescultura en la cintura y en los famosos ‘cauchos’ de la región lumbar y caderas”, asegura Eduardo Krulig, cirujano plástico egresado de la Universidad Central de Venezuela con más de 25 años dedicado a esta especialidad; presidente de la International Academy of Cosmetic Surgery y director de sus emporios, la Clínica Krulig y Depilight.

Barriguita plana, corazón contento
La evaluación y planificación clínica serán las etapas vitales abordadas por la dupla médico-paciente. Gracias a estas instancias se estudiará el perfil hematológico del afectado, se practicará un análisis cardiovascular, se procederá a la revisión de una radiografía de tórax y se despejarán dudas relativas a los beneficios y contraindicaciones de la cirugía, así como de los cuidados necesarios durante el lapso post operatorio.

Tomando las medidas preventivas del caso, los especialistas coinciden en suspender el uso de medicamentos que puedan interferir en la coagulación de la sangre e inciten el efecto antiagregante plaquetario, como la aspirina y la vitamina E.

Obedeciendo a las exigencias anatómicas, se calibra el porcentaje de excedente subcutáneo a retirar, cantidad determinada por una medición que, según Krulig, se establece antes de iniciar la intervención “dibujando la operación en la zona abdominal, con el paciente de pie”, esta observación arroja impresiones en torno a “la calidad o elasticidad de la piel que nos permita cerrar la herida sin tensión”, completa Gil.

Desarrollada bajo anestesia general, si la técnica utilizada es el láser, el tiempo estimado en quirófano es de poco más de una hora. De ser efectuada con bisturí, la estancia se extendería a unas tres horas. La función comienza con una cisura en semicírculo a la altura del pubis, “entre ambas espinas ilíacas, prominencias óseas de las caderas en la región anterior”, explica Gil. La piel y la grasa innecesaria son levantadas y el especialista procede a la resección o extirpación. En los casos más agudos, y de ser necesario, se hará nuevamente la exteriorización del ombligo. Para terminar, se sutura la herida, hecha prudentemente en la línea del bikini.

Si el desmayo dérmico se encuentra de la zona central del estómago hacia arriba, Krulig revela una innovadora táctica del campo de la medicina estética. Se trata de la abdominoplastia invertida que consiste en “la incisión por debajo del surco submamario. Se hace un ascenso del abdomen flácido, estirando la piel hacia las mamas, en vez de hacerlo hacia el pubis”, aclara el galeno.

En ambos casos, es inminente recluirse por una noche en la clínica, a fin de prevenir cualquier eventualidad, y cargar, por un aproximado de cinco días, con drenajes que ayudarán a vaciar cualquier secreción serosa.
Atendiendo a los requerimientos de los interesados, la dermolipectomía puede ser combinada con otros tipos de cirugías como la mamoplastia o embellecimiento mamario, siempre y cuando las valoraciones médicas del paciente así lo admitan.

En su santo lugar
Una vez que el proceso quirúrgico ha culminado y los pliegues encontraron su antigua forma natural, hay que seguir al pie de la letra las recomendaciones clínicas que amerita la nueva figura.

En el transcurso de la primera semana, los controles médicos deben ser interdiarios, se mantendrá un reposo relativo, el paciente “no tiene que estar acostado pero, está prohibido subir y bajar escaleras, se le indicarán antibióticos de rutina por siete días y analgésicos en caso de necesidad”, explica Krulig. Es obligatorio el uso de una faja abdominal por espacio de dos semanas, al cabo de las cuales se podrá reincorporar a sus actividades habituales, mientras que las rutinas en gimnasios deberán esperar por 30 días de recuperación.

Yurimara Terán, quien con apenas 26 años probó las ofrendas de esta intervención, cuenta los pormenores de su post operatorio: “A los dos días tuve incomodidad a causa del drenaje, pero es necesario para expulsar la sangre contenida en la operación. Eso ayuda a una mejor cicatrización, luego lo remueven y, con la ayuda de los antibióticos, desaparece el dolor”.

Panorama claro
Toda cirugía implica riesgos. La abdominoplastia no escapa a esta regla por excelencia, aunque su cerco peligroso es relativamente bajo. En esta escala tambaleante, las posibles complicaciones serán generadas por factores tanto externos como internos. Podrían manifestarse hematomas, “que es muy difícil que suceda, si se hace una operación limpia, con una hemostasia rigurosa, es decir, la cauterización de todos los vasitos sanguíneos”, dilucida Krulig. A este simple riesgo le siguen infecciones o asimetrías, esta última ocurre “si el cirujano plástico hizo una resección irregular del excedente de piel”, completa el especialista. El futuro de la herida estará supeditado a la tendencia de cicatrización de la persona y, por supuesto, a una sutura delicada.

Gil comenta que las mieles de este milagro queda vetado a “personas que tengan algún problema de salud que contraindique alguna intervención quirúrgica electiva”. Por ningún motivo es recomendable a fumadores empedernidos, diabéticos, hipertensos o aquellos quienes sufran de enfermedades en la piel originadas por bacterias. En el caso de aspirantes obesos, Krulig asegura que “pueden ser intervenidos sin exigirles que reduzcan de peso”, porque toda la grasa es retirada en el proceso.

El saldo positivo que promete la abdominoplastia dependerá del versado en embellecimiento corporal seleccionado para tan importante proyecto, del centro médico donde se realice y de los cuidados, pre y post quirúrgicos, que se tomen en consideración. Si todos estos factores son canalizados de la mejor manera posible, el resultado se traducirá en una oronda autoestima.