POR Atamaica Rios FOTOGRAFÍA Prensa Venevisión

Treinta y un personajes de telenovela hacen de Lourdes Valera una integrante más
de la familia venezolana; eso sin contar que quienes repudian al mago de la cara de vidrio,
el televisor, prefieren seguir su vena teatral mientras vocifera los martirios treintañeros
o se suma a un clan de “Brujas”. Otros deliran por apreciarla“Desnuda con naranjas”…
aunque sólo por “13 segundos”, en el cine.

Actualmente, interpreta a “Ñinguita” en la novela “Ciudad Bendita”. Se trata de una mujer
que, para bandear su padecer como buhonera en tiempos de crisis, encarna múltiples roles que van desde una impedida que se desplaza rauda en patineta, hasta el de una monja quien, con las más insólitas causas, pide limosnas “para los niños con páncreas”. Conozca a fondo
a la sensible heroína ganadora de los premios otorgados por la Asociación Catalana de Críticos de Arte (ACCA), La Casa del Artista y la Asociación Nacional de Autores Cinematográficos (ANAC) y de los galardones El Mara de Oro y la Venus de la Prensa, entre otros tantos


¿Quiénes han sido los personajes que han influenciado su vocación?
Son personas que respetan y aman lo que hacen: Amalia Pérez Díaz, César Bolívar, Luis Lamata, Luis Manzo, Leonardo Padrón, Nelson Ortega, César Miguel Rondón, entre otros…

¿A qué se dedican sus padres?
Mi padre era marino mercante, ya fallecido, y mi mamá siempre se dedicó a nosotros, inclusive hasta ahora que somos grandes.

¿Cuáles fueron las primeras responsabilidades histriónicas asumidas?
La primera vez que trabajé en televisión fue en “La Rochela” y “El  niño de Papel”, un programa que hacia Kiko (Carlos Villagrán). Él fue un maestro, me brindó todo su apoyo.

De los retos protagonizados, ¿cuál volvería a enfrentar?
Me encantaría repetir mi primera telenovela, “Maite”. Fue demasiado duro lo del apuntador, y en ese momento las estrellas no hablaban con los que estábamos empezando, menos contados casos, como Javier Vidal, por eso siempre tendrá un lugar en mi corazón, y por eso siempre trato de entender a quienes empiezan.

Si pudiera retroceder su casete personal, ¿qué episodios borraría?
La muerte de mis seres queridos. Creo que me cuesta demasiado acostumbrarme a ese vacío... a saber que ya no están.

¿Qué poder le adjudica a la palabra?
La palabra es todo... Nos hace humanos, por eso La Bilblia dice “y fue primero el verbo”, razón por la cual mi trabajo, y el de los poetas, es sagrado.

¿Qué palabras borraría del diccionario?
Guerra, injusticia, odio, violencia, discriminación, y ojalá llegue un día en que los niños pregunten si existieron.

¿Cómo enamora?
Con la mirada.

¿Con quién comparte sus alegrías y tristezas?
Comparto mi vida y mis sueños con Luis Alberto Lamata, mi novio-esposo, mi esposo-novio... Prefiero creer siempre que es mi novio.

¿Qué le ha arrebatado la fama?
Si me ha quitado algo no me he dado cuenta, disfruto lo que hago.

Un episodio bochornoso en su vida
Equivocarme es lo más bochornoso que me ha pasado en la vida. Cuando tenía 11 años tuve que leer un poema de Aquiles Nazoa en público y se me olvidó, recuerdo que quería que la tierra me tragara, pero me hizo entender que en cualquier momento podemos cometer errores.

¿Qué la desconcierta?
La traición, soy leal con mis amigos y mis afectos, por eso no lo puedo soportar.

¿En quién cree?
En Dios por sobre todas las cosas, aunque suene a lugar común.

Un sueño irrealizable
Ser madre, a pesar de que me sometí a seis fertilizaciones in vitro y 18 inseminaciones, no se me dio...

¿Qué le cuenta a su almohada?
Mis sueños, mis dolores, mis alegrías, mis tristezas…

¿Qué encuentra en la soledad?
Encuentro todo, soy capaz de luchar contra todos mis fantasmas, me reconcilio, reconozco mi sombra. Veo lo luminoso que hay en mí, hablo con personas que no están en mi vida, bien porque murieron o porque los caminos nos alejaron, y sobre todo leo, leo mucho.

¿Qué parte del cuerpo la enorgullece?
Me gustan mis ojos.

¿Usa algún amuleto?
Mi amuleto es una cinta roja y un Sagrado Corazón de Jesús.

¿Tiene algún ritual que siga con fe?
Rezar siempre antes de salir a escena.

¿Qué hace a puerta cerrada?
Soy libre, no hay máscaras, me río y lloro, soy simplemente yo.

Del catálogo gastronómico venezolano ¿con qué plato se identifica y por qué?
Me encanta la hallaca, la disfruto, sobre todo el cuento de donde viene.

Un libro inolvidable
“Mi planta de naranja-lima”, de José Mauro De Vasconcelos; “El amor en los tiempos del cólera”, del Gabo; “A puntadas”, de Magaly Villalobos, “La Biblia”; “María’” de Jorge Issacs y, actualmente, “La enfermedad”, de Alberto Barrera Tyszka. Todos  han significado un momento en mi vida, es difícil escoger.

¿Qué guarda con recelo en su staff de objetos materiales?
Mi objeto material más preciado es agua bendita de Lourdes que traje de Francia, me reconcilia con la vida.

¿Qué destinos le alegran la vida?
Donde esté, el mar. No hay sitio más hermoso que Los Roques. He ido a muchísimas playas y es la que más me gusta.

Si le otorgaran poder para legislar, ¿qué incluiría o modificaría del repertorio constitucional?
Aunque suene trillado, me siguen angustiando los niños de la calle y el que realmente casi nadie se ocupe de ellos.

¿A qué le sabe la política?
La política no me gusta, no me sabe a nada, como el pepino.

¿Cómo sería su Venezuela ideal?
Me encantaría no tener miedo cuando salgo de mi casa, que en Venezuela parara esta guerra causada por la delincuencia.

¿Qué le ha enseñado la vida?
A ser paciente, a saber que todo llega y a recordar que “crecer, duele… siempre duele”, pero vale la pena el dolor.