POR Pamela Velasco FOTOGRAFÍA Prensa Venevisión

Su semblante acaricia los recuerdos de docenas de personajes encarnados desde las entrañas de su polifacético espíritu. Así se acomodan las letras de Caridad Canelón para configurar un nombre que desde los cuatro años de edad ha iluminado el telón histriónico criollo con más de 50 caracterizaciones en televisión, teatro y, más recientemente, en cine, con su participación en el film “Al borde de la línea”. De su repertorio profesional se desprenden las inolvidables historias de “Rafaela”, “Gardenia”, “El país de las mujeres” y, actualmente,“Ciudad Bendita”. Cantante innata, descubrió su vocación actoral con el estelar desempeño en el proyecto televisado “Sor Alegría” donde debió asumir, con astucia infantil, a dos gemelos de sexos opuestos. De esta forma, la señora del espectáculo vernáculo abre las puertas de su fibra personal para revelar, entre nos, sus más íntimos recodos profesionales y personales


¿Quiénes han sido los personajes que han influenciado su vocación?
Más que haberme influenciado, hubo personas que me ayudaron a descubrir ese otro mundo sin límites que es el arte dramático: Enrique Alzugaray, uno de los mejores actores que he conocido, y Grazzio Dangelo, uno de los mejores directores que ha tenido nuestra televisión.

De los seres de papel que ha encarnado, ¿cuál resucitaría y qué final desearía para su vida?
Si pudiera, volvería a hacer “Leyla”, personaje de “Cambio de Piel”, protagonizada por Coraima Torres y Eduardo Serrano, fue el remake de “La Dama de Rosa”. Pienso que debió tener una historia propia y continuar hasta el final de la novela, con un desenlace digno.  

¿Existe alguna vida que quiera representar y aún no ha podido?
Siempre quise representar a Luisa Cáceres de Arismendi, ese personaje me llamó la atención desde muy pequeña, por lo que le tocó o escogió vivir, por su valentía, por su amor y su honor. Nunca he entendido por qué no se exaltan a las tantas heroínas de nuestra historia.

¿Qué poder le adjudica a la actuación?
¡Imagínate!... Actuar es representar un personaje, es meterse en su psique, en su piel.
Un buen actor puede, con su trabajo, influenciar al público hasta el punto de hacerlo hablar, vestirse o reír como su personaje. Hay un poder inmenso en el arte dramático que va mucho más allá del simple hecho de entretener.

Si pudiera retroceder su casete personal, ¿qué episodios borraría y qué le agregaría?
No borraría algo, porque hasta las cosas malas o desagradables que se nos presentan en la vida nos sirven para crecer. En cuanto a agregarle, siempre estoy sumando conocimientos.

Un amor imposible
Jeremy Irons, Mel Gibson, Jeff Bridges, Denzel Washington… ¡Imposibilísimos!

Una debilidad
El chocolate, el Súper Tornado de Efe, umm... lo máximo. 

Un acierto
Haber escogido mi carrera de actriz y no la de cantante o bailarina con las que empecé. 

¿En quién cree?
En Dios y en mí. 

Un sueño irrealizable
Bueno aún no he podido hacer una novela en el exterior. Pero ese sueño lo sigo alimentando, por lo tanto no es irrealizable. 

¿Qué le cuenta a su almohada?
Cuando nos encontramos, tengo tanto sueño que no me queda tiempo para contarle nada. 

¿Qué encuentra en la soledad?
Orden. Foco. Ubicación. Reencuentro con lo más íntimo de mi ser.

¿De qué se arrepiente?
Algunas veces soy muy impulsiva, sobre todo, cuando me topo con la injusticia. Puedo ser muy hiriente con las palabras, aunque nunca he llegado tan lejos como para arrepentirme. Siempre he tenido un ángel que me frena antes de llegar a lo irrecuperable. 

¿Algún ritual que siga con fe?
Rezo todas las noches antes de dormir y doy gracias a Dios todos los días, al despertarme, con una oración metafísica que me enseñó Nury Flores hace muchos años. 

¿Qué hace a puerta cerrada?
Depende de la puerta, del momento y con quien esté. 

¿Con qué plato venezolano se identifica?
Con el pabellón porque es nuestro, por su combinación entre lo salado y lo dulce, por sus colores y su sabor. 

Un libro inolvidable
Mi primer libro leído fue “La Isla Misteriosa”, de Jules Verne. Tenía 10 años y me gustó tanto que después leí todo lo que Verne había escrito, a partir de allí nació mi gusto por la ciencia ficción. Otros libros inolvidables son “El Principito”, de Antoine de Saint-Exupery, y “El Lobo Estepario”, de Hermann Hesse. 

¿A qué le sabe la política?
Lo que conozco de ella me deja un sabor amargo, desagradable.

Un anhelo para Venezuela
Progreso, libertad, democracia. 

¿Qué destinos la reconcilian con la vida?
El Ávila, esa montaña maravillosa que tenemos, es fundamental para mis ojos y mi espíritu. Por eso siempre he buscado vivir en sitios donde la pueda ver y recibir su energía. 

Una palabra que la defina
Fortaleza.

Una lección
Cuando tenía 12 años cursé el taller de actuación que dictaban en mi colegio. El primer día de clases el profesor me mandó a improvisar una escena. Me quedé parada sin saber qué hacer, ni decir. Me dijo que un actor que no pudiera improvisar, que no jugara a ser niño, no era actor y que era mejor buscar otra profesión. Eso me enseñó que no todo está escrito y que hay que prepararse, que actuar es jugar y para eso hay que tener muy presente al niño que llevamos por dentro.

¿Cómo avizora su futuro?
Haciendo siempre lo que me gusta.  

¿Qué espera de la vida?
No la espero, la vivo con dignidad, a plenitud.