POR Pamela Velasco FOTOGRAFÍA Rafael Soto
Está acostumbrado a percibir la panorámica de la vida desde la sombra
de su contundente casco y a tantear la tierra sobre la tribuna de sus polvorientas
y aguerridas botas. Su misión es secretear con las branquias del progreso
para fundar, en los benevolentes espacios del lente urbano, nuevos e históricos
huéspedes.
Ímpetu, perseverancia y excelencia es la tríada que escolta el ordenado
quehacer de este hidalgo visionario con espíritu constructor. Y es que
Lucas Valera es un emprendedor tachirense de armas tomar. Conoció el poder
edificante de la Ingeniería, estudiada en Caracas, para invitarla de por
vida a las pretensiones de una trayectoria profesional tan sólida como
las bases de su más reciente ocupación: el II Puente sobre el río
Orinoco, una magna obra que comunica al estado Bolívar con Monagas.
Escalar hasta las inmediaciones de esta cruzada ameritó de efectivos desempeños
en el Ministerio de Obras Públicas, como ingeniero inspector; en la Oficina
Central de Coordinación y Planificación de la Presidencia de la
República (Cordiplan), “en la que empecé como analista uno
y terminé como director de Planificación Física”; el
Ministerio de Transporte y Comunicaciones, en calidad de Secretario Ejecutivo
del Consejo Nacional de Vialidad (Conavial), de donde egresó con el título
de asesor del Instituto Autónomo de Ferrocarriles del Estado (IAFE), y
de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), estancia que lo encauzaría
a la orquestación de su más grandiosa realización: el Puente
Orinoquia.
“Me tocó involucrarme con el desarrollo de la infraestructura a nivel
nacional. Gracias a ello adquirí un conocimiento global”, explica
refiriéndose al ámbito de la planificación física,
que abarca represas, obras hidráulicas, viviendas, vialidad, carreteras,
autopistas, aeropuertos y puertos. Al mismo tiempo, las repetidas travesías
a lo largo y ancho de las distintas entidades federales, “me permitió
conocer a Venezuela de Norte a Sur, de Este a Oeste”, y visitar todo el
continente americano y parte del europeo.
Desde estos escenarios coordinó la construcción del puente Angosturita
sobre el río Caroní y toda su vialidad; los puentes Macagua - San
Félix, Caura y el Cuchiveros, en la vía Caicara del Orinoco, hasta
que fue nombrado Autoridad Única de Área en el sur de Anzoátegui
y Monagas, actividad que desempeña actualmente.
Conciente de la trascendencia de sus cometidos, sus movimientos eran sagazmente
compartidos con el proceso de la construcción del Puente Mixto, desde el
año 1979, labor que le confiere la satisfacción que sólo
pocos llegan a saborear. “Es muy difícil que en un proyecto de esta
envergadura se pueda manejar desde el nacimiento del plan, todos los estudios,
licitaciones, revisiones, pasar a la etapa de construcción y terminar la
obra”, comenta orgulloso.
Para lograrlo, asegura haber descubierto la savia de la cartilla que debe regir
a todo ingeniero que anhele dirigir ambiciosos proyectos: liderazgo, conocimiento,
responsabilidad, capacidad técnica, puntualidad y respeto.
Tales valores fueron catados, junto a sus cinco hermanos, en los primeros roces
con la vida, gracias a la formación militar de su padre y el brío
de su madre. A estas influencias se suman las enseñanzas de sus ilustres
colegas Pedro Pablo Azpúrua, primer coordinador del grupo de trabajo del
Puente Orinoquia, Rafael De León Álvarez, quien en vida ocupó
el cargo de Ministro de Obras Públicas, Rector de la Universidad Central
de Venezuela y embajador de la nación en Bélgica y Austria, y Paul
Lustgarten, proyectista del puente y máxima autoridad en puentes en Venezuela.
Con 37 años de casado, tres hijos, una nieta y dos en vísperas,
columnas capitales en su vida, reconoce que es prisionero de sus fijaciones laborales.
“No disfruto de ratos libres, no voy al cine, ni de paseo. Los domingos
sólo espero a que llegue el lunes para empezar a trabajar”, reconoce.
Mientras tanto sigue armando las estructuras de próximas hazañas
que deben equipararse a los retos profesionales alcanzados.