POR Nora Valerii FOTOGRAFÍA Prensa FM Center
Tiene un nombre que suena a estirpe, una voz comedida, una dicción cabal
y un aura solemne. Su recto estar y acucioso brío fue el resultado de pertenecer
al ilustre linaje de la familia Rodríguez Miranda, comandada por una madre
“quien fue la columna en nuestras vidas, la alegría, el buen gusto
y el equilibrio”, y un padre, el conocido empresario, abogado y periodista
Rodolfo Rodríguez García quien, en el dúo formador, “es
la parte estricta”.
Fue así como la sangre cubana de sus mentores la hicieron abrir los ojos
en ese gentilicio para, siendo aún una bebé, alojarse en Venezuela
de por vida.
De los hilos infantiles recuerda no haber tenido acceso a lujos pero sí
a “la calidez de una familia, que es lo que realmente necesita un niño”.
Por aquellos días, como hoy, compartía sus afectos con dos hermanas
y un hermano, quien ya crecido se convirtió en el exitoso propietario de
la archiconocida disquera Sonorodven.
Pronto, el espíritu del inmigrante Rodolfo hizo que, de vender hojillas
de afeitar y latas de sopa, pasara a formar parte de la marca Tío Rico
y más adelante de CVTV, actual Venezolana de Televisión, hasta toparse
con el afinado olfato de Diego Cisneros, quien lo enroló a las huestes
de Venevisión.
Sin embargo, Martha no se ampararía en los logros de su padre. Convencida
de que podía sola, y con apenas tres años enlazada al carril académico
de la Comunicación Social, un día decidió que había
llegado la hora de acariciar su estrella laboral. “Quería ser redactora
de noticias, pero en Venevisión no tenían vacantes en esa área,
sino como reportera de información general y de barrios. En mis ratos libres
me ocupaba del ámbito cultural. Así que acepté. ¡Mi
papá se quedó frío cuando le pedí la cola para ir
al canal!”, recuerda casi nostálgica.
El destino puso de su parte y en 1981, ya graduada con todas las de la ley en
la mención Audiovisual, hizo sus maletas con rumbo a Nueva York. La misión
era especializarse en Producción y Dirección de Televisión
mientras, a la par, era la delegada del canal 4 ante la Organización de
las Naciones Unidas. “Los periodistas ubicados en Londres, Nueva York y
Argentina, en el marco del evento ocurrido en las Islas Malvinas, obtuvimos el
Premio Nacional de Periodismo”, al que luego se anexarían más
de una docena de reconocimientos individuales que corretean entre las designaciones
de órdenes al mérito, premios y condecoraciones.
Hacia 1984, y de vuelta a su comarca, su estampa y gentil voz protagonizarían
los valiosos micros formativos “Buen Ciudadano”. “La mayor satisfacción
era ver que los niños indicaban a sus padres que se colocaran el cinturón
de seguridad o que echaran los papeles en la basura”, señala.
Simultáneamente, entrenaba su ahínco social encabezando denuncias
a través de la producción y conducción del espacio “Reportaje”.
“Por uno de nuestros programas removieron a un Ministro de Sanidad y reubicaron
a muchos damnificados”, recuerda, mientras evoca cómo, con la adrenalina
a millón, más de una vez estuvo en el ojo de campantes balaceras.
Actualmente, y desde hace 10 años, guindó las investigaciones y
las cámaras de televisión para relevarlas por la sinergia posada
en una cabina radial. Junto a su padre, saca punta a un negocio familiar: se trata
del descomunal circuito FM Center, una red que enlaza a más de 60 emisoras
a nivel nacional. “Papá había decidido retirarse y viajar
por el mundo junto a mi mamá. Pero la vida nos jugó una mala pasada
y se la llevó. Decidió que volvería a trabajar y compró
unas estaciones, proyecto en el que no lo dejé solo”, confiesa.
Con disciplina, ha indagado la cadencia de un enérgico medio de comunicación
“capaz de penetrar inmediata y recíprocamente. Es un confidente y
tiene el poder de emocionar, ayudar y acompañar”, reconoce ensimismada.
El timbre de su voz identifica a la emisora Romántica 88.9 FM con el slogan
“Directo a tus sentidos”, sensibilidad que la sigue en su andar personal.
“Me encanta estar enamorada. Comí sapoara y entonces estoy prendada
a Guayana”, traza con picardía, mientras reafirma que en los terrenos
del amor y la amistad “soy muy intensa y romántica. Me gusta que
me manden flores, poemas, sorpresas”, así recibe y deja entendido
las mieles de un nuevo amor.
Perfeccionista a rabiar, ingenua por impulso, más flexible que en el pasado,
concientemente temperamental y perseverante, disfruta su existir junto a las páginas
de un buen libro, con un interesante argumento cinematográfico, en los
alentadores paisajes de Los Roques, Canaima o París, en los ejes de sus
convicciones cristianas, en su gusto por el inglés y su aspiración
al francés, en sus tanteos con los menesteres gastronómicos en forma
de alucinantes pastas, en compartir una cena para dos al trasluz de una copa de
vino, en sus recientes incursiones en el mundo de las catas y en la apoteosis
de pisar un nuevo punto del globo terráqueo.