Por Kharolina López Ilustración Eric Viafara
“El tiempo en que mi pareja estuvo embarazada fue una de las mejores
épocas de sexo. Los dos estábamos encantados, felices, relajados
y a gusto. Ella estaba más receptiva y sin cambios de humor, debido a
la ausencia del ciclo menstrual, lo que me incentivaba a estar de mejor ánimo
y más cariñoso. Incluso, su lubricación natural extra ayudaba
mucho, así como su cuerpo con todo más grande… ¡Nos
pasábamos horas juntos!”.
Así como Ricardo, muchos hombres encuentran en sus mujeres embarazadas
una fuente avasallante de pasional frenesí. Sin embargo, sus pensamientos
y sensaciones distan mucho de los pareceres estandarizados de quienes, por miedo,
inexperiencia y desencanto, deciden echar a un lado las citas íntimas
mientras esperan la llegada de un bebé.
Normalmente, los futuros padres suelen olvidar que un embarazo, concebido por
medios naturales, proviene de una relación sexual, lo que hace común
la aparición de temores relacionados con el desarrollo de esta importante
práctica en los meses de gestación. “Muy diversos roles
representan los seres humanos a lo largo de su vida e indiscutiblemente uno
de los más hermosos le toca a la mujer a la hora de ser madre. Pero pareciera
que cuando ella forma una pareja, y viene el embarazo, su rol de mujer y amante
pasan a un segundo plano”, explica el sexólogo Rubén Hernández
Serrano, ex presidente de la Sociedad Venezolana de Sexología y de la
Academia Internacional de Sexología Médica.
Para el especialista, salvaguardar y ratificar la condición amatoria
y erótica a lo largo de este transitorio período es vital. “Es
trascendental lograr la satisfacción sexual durante esta etapa tan significativa
para la mujer, ya que todo el afecto transmitido en la unión íntima
será percibido por el bebé, gracias a los estímulos recibidos
por medio de la madre”.
Normalmente, y durante los tres primeros meses de este ciclo, la madre suele
enfrentar malestares generados por las alteraciones hormonales, lo que incide
en la disminución de los encuentros sexuales. Tal merma debe ser superada
en los posteriores meses, cuando se supone que la pareja ha asimilado el nuevo
estado como perfectamente natural.
En este sentido, Hernández Serrano describe que “la inapetencia
sexual en una pareja embarazada se produce principalmente por el estrés
psicológico y el recelo a dañar el feto. Sin embargo, y a excepción
de casos problemáticos, se pueden mantener relaciones sexuales sin que
se afecte de alguna manera al niño, para quien podría resultar
agradable el movimiento de las contracciones uterinas pero no puede ver, ni
ser consciente del acto sexual”, aclara.
Al hablar de las contraindicaciones ligadas a la sexualidad coital, aquella
que implica la penetración, el galeno explica que las principales cautelas
se hallan en situaciones delicadas, como cuando se padece de placenta previa,
posible desprendimiento o rotura de la misma; amenaza de aborto, historial de
parto prematuro, hemorragias o una infección vaginal grave que aún
no ha sido controlada por un especialista.
Sin embargo, en ningún caso se debe limitar el apetito erótico
frente a temores infundados o por este tipo de amenazas, pues “los encuentros
sexuales pueden ir más allá del coito y disfrutarse a través
de una actividad erótica integral que incluya sexo oral, caricias, masturbación
y cientos de ideas más que juegan un papel importante dentro de la satisfacción
carnal”.
Posturas creativas
Uno de los puntos más interesantes a tocar, cuando se toman en consideración
las redondeces que circundan el cuerpo femenino durante el embarazo, son las
posiciones recomendadas para recibir y brindar el beneplácito de la penetración.
Sobre este particular, el gineco-obstetra Iván Lepe, señala que
“es recomendable que sea el hombre quien se adecue a las posturas de la
mujer, para que las penetraciones no sean enérgicas. Cuando el estado
avance, se aconseja posiciones de costado o que la mujer se coloque encima del
hombre”.
En este sentido Hernández Serrano aporta sugerencias. “La tradicional
del hombre encima y la mujer debajo se complica cuando el abdomen crece. Hemos
constatado que la mayoría opta por un coito en el que ella esté
encima o de lado, con la penetración desde atrás. Así se
reduce la sensación inconsciente de poder hacer daño al niño.
Pero, en general, las parejas se adaptan espontáneamente a la nueva situación,
sin que esto suponga algún obstáculo”, comenta.
En el caso de que las aprensiones impidan ocasionalmente disfrutar de las relaciones
o provoquen una pérdida importante de deseo, ambos profesionales recomiendan
que las parejas intenten relajarse y no obsesionarse con el tema. “Que
hagan lo que les apetezca y les pida el cuerpo pero si hay dudas, deben recurrir
al especialista”, advierte Hernández Serrano mientras aclara que
“hacer el amor puede ser una muy buena preparación física
para el embarazo”.
Luego del ansiado parto, los especialistas exhortan a esperar cierto tiempo,
quizás unos 30 ó 40 días, período durante el cual
los tejidos vuelven a su estado normal. “El tiempo es variable. Hay muchos
hombres que quedan traumatizados tanto por el parto, por la llegada de un nuevo
miembro a la familia que necesita toda la atención, como por el cambio
en la figura de la mujer luego del embarazo, por lo que un nuevo encuentro sexual
va a depender de la situación de cada pareja”, explica el sexólogo.
Rompiendo tabúes
Partiendo del punto de que es necesario y saludable mantener las citas íntimas
a lo largo de esta fase, Hernández Serrano confirma que “mucha
gente suele escabullir el tema por desconocimiento o porque percibe al sexo
como algo clandestino y lleno de conceptos equivocados, de allí la importancia
de informar y educar como herramienta para cambiar paradigmas transmitidos de
generación en generación”.
Cifras alarmantes indican que 50% de las mujeres venezolanas no asisten al control
prenatal, lo que incide en la salud del bebé y en la alta tasa de mortalidad
infantil. Si a este panorama se le suma el total desconocimiento en muchos casos
de la trascendencia del desarrollo sexual pleno durante el embarazo, y sus amplios
beneficios comprobados sobre la madre y el feto, serán muchas las razones
para sentir preocupación. “La pareja debe intentar poner a un lado
el miedo, la frustración producida quizás por un embarazo indeseado,
los resentimientos, la incomprensión y cientos de obstáculos que
suelen ser simplemente mentales, y preocuparse sólo por aumentar su libido,
ya sea con ayuda profesional o a través de la negociación mutua”,
finaliza Hernández Serrano.
No olvide que la salud y el bienestar, tanto de los padres como del bebé
que se avecina, se vinculan ampliamente con el sexo, de allí que resulte
capital la práctica habitual de esta excitante rutina con claro influjo
en el equilibrio físico y mental de una vida plena como esposos, amantes
y futuros progenitores.