POR Vanessa Mata FOTOGRAFÍA Alberto Delgado

Luis oferta cosméticos tras el mostrador del supermercado todos los días. Al terminar su jornada levanta sus manos y se despide hasta mañana seguro de que, por entonces, podrá cooperar, a través de su oficio, con el desarrollo económico del país. Él forma parte de un puñado de jóvenes con voluntad de hierro que son tan “especiales” como para haberse ganado una butaca de honor en el tesón de Ana María Abrache, coordinadora de Conocimiento Público de la Fundación Olimpíadas Especiales del Subprograma Bolívar y docente del taller Educación Laboral Caroní en San Félix.

“Verles los ojos es enamorarte”, así sintetiza Abrache su primer contacto con estos niños a quienes el cromosoma 21 les jugó una mala pasada, pero que son seres humanos completos.

Su primer vínculo con los rieles laborales se sucedió en el ámbito de la terapia ocupacional, tribuna que la llevaría “a un aula con niños especiales, quienes me cautivaron desde el primer instante”, evoca esta Técnico Superior en Educación Especial graduada en el Colegio Universitario Monseñor de Talavera (CUMT) de Puerto Ordaz.

Con el fin de lograr la licenciatura mención Retardo Mental, en el año 2002 hizo su equipaje rumbo a Caracas, ciudad en la que “trabajé en el Instituto Psicopedagógico El Ávila y en Industrias Venezolanas de Buena Voluntad”, plantel en donde pulió sus pericias como coordinadora de integración social, faena que sería el motivo recurrente de su vida.

Una vez ejercitada en las lides que animaron su atención, regresó a Puerto Ordaz para, durante las mañanas, enseñar las técnicas de pintura sobre tela y madera, además de repujado en metal, en el Taller de Educación Laboral Caroní que encabeza. Aunque el rendimiento de sus pupilos en estas actividades es paulatino, cuando sucede el prodigio del logro es una sensación infinitamente gratificante, porque se trata de otorgarles herramientas que los “prepare para el campo laboral. También enseñamos panadería, corte y costura”, enumera quien siente especial predilección por las manualidades, “tejer es una pasión que me tranquiliza”, confiesa.

Sus tardes se visten de medallas, al ventilar el trabajo que lleva a cabo la Fundación Olimpíadas Especiales, una actividad que ha visto florecer con el lema “Todos ganan”. “Hemos tenido muchos avances. De los 44 atletas que representaron al Estado en las Olimpíadas Nacionales efectuadas en Maracaibo, en noviembre de 2006, logramos cinco ganadores que irán a las Olimpíadas en China, en octubre de 2007”, afirma Abrache con ojos de beneplácito.

La Fundación cuenta con la experiencia de un equipo de entrenadores certificados que preparan a los muchachos en las categorías de Natación, Atletismo, Brochas, Pesas y Bowling. Todos los jóvenes con discapacidades mentales como autismo, Síndrome de Down y parálisis cerebral, mayores de ocho años de edad, pueden participar en los entrenamientos de cualquiera de las categorías.

Para ella, el ejercicio corporal es una especie de ventana con destino directo a sus fortalezas, ya que “ellos no se enfocan en sus debilidades, desarrollan sus habilidades. Con las Olimpíadas Especiales se han visto pronunciados cambios de actitud”, generados por el impulso que perciben, al ser tratados como individuos sociales. Es por ello que la integración efectiva de sus talentos al carril comunitario es una vía para que “nos adaptemos a sus necesidades”.

En paralelo, Abrache aguza sus esfuerzos para que esta sumatoria tenga espacio en el mercado laboral a pesar de que “en Puerto Ordaz existe como un shock hacia ellos”.

Entre cometidos futuros, registra la realización de un postgrado de Integración Social, Educativa y Laboral para Personas con Necesidades Especiales en la Universidad de Salamanca en España, lo que la impulsaría a la materialización de una institución que se encargaría de esbozar satisfactorias sonrisas en los rostros de cientos de niños y jóvenes con discapacidad intelectual.