POR Vanessa Mata FOTOGRAFÍA Rafael Soto

Como una espigada y plácida cala, lucida en el umbral del hogar, Yvonne De Persis acoge a sus clientes con la calidez y gentileza de una entrañable amiga. Tal principio gerencial, plantado durante 30 años de apostolado comercial, la hizo crecer, junto a su madre Piannina de Antenucci, muy próxima a la trayectoria de Boutique Chic, la primera boutique de Puerto Ordaz. “Mi madre fue mi escuela”, ratifica la diseñadora encargada de componer las notas de los desfiles de modas más arraigados en la tradición guayanesa.

Nacida en los paisajes upatenses, de allí “me fui cuando tenía dos añitos para Italia y regresé ya adolescente”, recuenta con claridad. Por entonces, las mañanas eran copadas por sus marchas académicas en los circuitos del Colegio Loyola Gumilla, mientras que en las tardes contentaba sus sentidos y vocación con los trajines propios de la boutique que comanda su madre hace 45 años.

De Persis destila elegancia. Sus movimientos prudentes delatan sus años de práctica en danza clásica, disciplina que hoy enamora con igual pasión a Natasha, su hija de 11 años. Aunado a esta habilidad, el modelaje también dejó una secuela irremediable en su andar. “Mi profesora era muy rígida. Fue una alemana que vino por muy poquito tiempo a Venezuela pero me enseñó para toda la vida”, resalta la empresaria. Esa herencia es endosada a las modelos que, con mística, esculpe para el desfile anual que tradicionalmente coordina con el fin de abonar los cometidos de la Fundación de Amigos del Servicio de Pediatría Menca de Leoni (FUNDASERPE), editado el último trimestre de cada año.

La lupa con la que explora las próximas participantes de esta exitosa cita de beneficencia está ligada a “la sencillez. No me gusta una muchacha extravagante. Aprecio los buenos modales y la disciplina. Busco que la modelo sea sana, sin importar su condición económica”.

Es así como cada nueva entrega del desfile supera las expectativas y alcances de sus antecesoras ediciones. No en vano es mucho el empeño y el tiempo dedicado a tan capital conmemoración. “He tratado de que cada año los desfiles para los niños del pediátrico sean cada vez más bellos, más elegantes. Dejo alegrías y lágrimas porque sé que, al final de todo, vale la pena”. Las líneas de dicha y laboriosidad son directamente proporcionales a su riguroso espíritu, lo que la hace “exigir demasiado a mis hijos y a mí misma. A veces quisiera nacer de nuevo para cambiar un poquito, pero ésa es mi esencia”.

No conforme con tener su propia Boutique Chic, sucursal de la tienda madre, desde hace un año conduce un atelier en esos mismos predios, recinto desde el que confecciona modelos de alta costura, siempre guiada por su gusto personal. “Mi estilo es europeo y en el diseño me rijo por Valentino y Elie Saab”, subraya al referir sus influencias. Desde este centro de operaciones no sólo se encarga de crear para sus cercanas clientas, sino también se toma el tiempo suficiente para asesorarlas en la más atinada selección, de acuerdo a sus rasgos y formas de ser.

Convencida de que debe defender la feminidad a costa de lo que sea, cubre los anaqueles de sus elegantes vitrinas con diseños únicos elaborados en tejidos italianos en los que confabulan delicados bordados a mano, sutiles aplicaciones y centellantes piezas de la firma Swarovski, casa que representa en exclusiva para Ciudad Guayana.

Las sorpresas de la vida le hicieron alimentar nuevas destrezas, lo que devino en una empresa constituida bajo su pulso. “Decidí nombrarla ‘El sabor de mi casa’ porque esa es mi cocina y lo registré en italiano como ‘Il sapore de la casa mía”, precisa orgullosa quien, junto a la nana de Natasha y Luigi, su hijo mayor, cocina banquetes y alta repostería, en especial para bodas.

Esta pujante y reconocida diseñadora, empresaria y jefa de familia, entona sus aptitudes para dar forma al lanzamiento de su propia línea de ropa interior, pensada para todas las mujeres e inspirada en el romántico mundo de las novias, siempre con el sello Chic.