POR Kharolina López

“Antes de aprender a hablar, según cuenta mi mamá, ya sabía cantar. Cuando escuchaba los comerciales en la televisión ¡me volvía loco y salía corriendo a tararearlos!”. Así, el espíritu artístico de Nelson Arrieta fue reclamando el espacio de su vocación de cantante y compositor, un don heredado de una madre apasionada por la música y una tía que cantaba en la radio, en tiempos en los que este medio y sus frecuencias se convertían en tarima del devenir artístico del país.

Conocido entre sus amigos como “Pichón”, un cuatro de febrero de 1966 vino al mundo para regalar a borbotones toda su gracia maracucha a una carrera que se ha trasmutado en filosofía de vida. “Todo lo que soy se lo debo a la música. Sin duda, no me imagino haciendo otra cosa, tanto así que nunca he ejercido mi profesión universitaria”, comenta refiriéndose a sus años de entrenamiento académico en la Universidad del Zulia, la tierra que lo vio nacer, física y artísticamente, de donde egresó con un diploma de comunicador social que dejó engavetado para enrumbarse a la aventura musical.

Pero, ¿de dónde viene tanto derroche vocal y sonoro?. Resulta que “estando aún en el colegio aprendí a tocar cuatro. Una profesora me escuchó cantando en una oportunidad y me ofreció participar en los actos del colegio. Acepté sin pestañear porque, además, nunca sufrí de miedo escénico”, esboza con la picardía que caracteriza su hablar.

No fue sino hasta los 17 años cuando tuvo su primer roce con la música con todas las de la ley. “En 1983, entré al grupo de salsa ‘Bongó’ gracias a un amigo que tocaba con ellos. Esa fue una gran escuela. Luego vinieron ‘Birimbao’, ‘Carángano’ y, finalmente, ‘Guaco’, mi postgrado musicalmente hablando. Con ellos obtuve el mayor aprendizaje, además de roces con artistas internacionales”.

El formar parte de esta explosión emblemática del acervo musical venezolano lo puso de cara a cara con lo más insigne del rubro. En 16 años aferrado a sus filas, fue partícipe y testigo de la memorable alegría decretada al son de “El zapatero”, “El reportero”, “Regálame tu amor”, “Luciana” y “Carmelina”, visados de oro que lo pasearon por Estados Unidos, España, Holanda, Alemania, Dinamarca, Colombia y Aruba, entre muchos otros países.

A pesar de haber desarrollado dos producciones musicales como solista, paralelamente a las exigencias Guaco, el 2003 sentenció su futuro compartido para, de una vez por todas, despedirse de tantos buenos momentos y consagrarse a abonar la cosecha de su estirpe a solas.

Con el disco “Iré” asegura haberse convertido en un explorador de ritmos porque “en este trabajo hay influencias de intérpretes como Alejandro Fernández, Diego Torres, además de agrupaciones como Tecupae, Bacanos y, por supuesto, Guaco”.

Por no ser muy ducho en su vinculación con la pluma, los temas que capitanean su esfuerzo individual provienen de una hechura de primera en manos de Ricardo Montaner, Yasmil Marrufo, Jorge Luis Chacín y Servando Primera. “Afortunadamente, cuando se trata de gustos, no tengo límites. Desde el vallenato, pasando por rock, jazz progresivo y hasta reguetón”, agrega aludiendo a su sincrética vena.

A la par de este nuevo compromiso musical, Arrieta compartió su tiempo con la responsabilidad de integrar el jurado del reality show “Duelo de Famosos”, tribuna en la que reactivó los conocimientos y experiencias de sus andanzas de siempre. “Durante cinco meses pude reencontrarme cara a cara con el público, además de disfrutar del talento de otros compañeros del medio artístico. Siempre había asistido a programas de televisión como invitado y con ‘Duelo de Famosos’ pude conocer el otro lado de la moneda, una experiencia muy enriquecedora como artista y ser humano”, recuerda.

Y si de humanidad se trata, Arrieta se confiesa buen amigo, amante de los viajes y, como ejemplar exponente de su tierra, de robusto comer. Comparte su tiempo con su hijo de 12 años, junto a quien saborea el genio de la música. Es admirador de estrellas como Rubén Blades, Swing, los Amigos Invisibles y Franco De Vita, estrella a quien ubica en un honorífico sitial internacional.

Concentrado “en 101%” en la promoción de “Iré”, afirma que “el tiempo de Dios es perfecto y cuando toca, toca. Ahora es el instante en el que haré mi música de la mejor manera”.