Las coloreadas bambalinas del Miss Venezuela auparon, en tanda doble, el futuro de un porte prendado
a la belleza. De sus lumínicos callejones María Fernanda León
se filtraría a los predios
de la televisión para comandar mundos infantiles y veloces carriles de juego. Entre esperanza
y concreción, su estampa
está más presente que nunca
en el linaje del show business vernáculo al liderar los ágiles micrófonos de la competencia
juvenil Mega Match, mientras
que el ingenuo tongoneo de “María Gracia” es el jocoso aliento
de los miles de seguidores
que, noche a noche, viven de cerca los laberintos argumentales
de “Voltea pa’ que te enamores”,
el dramático firmado por Mónica Montañés que revela las flaquezas del amor en tiempos de liberación

POR Trina Ballesteros Gil / Nora Valerii FOTOGRAFÍA Carlos Marques

María Fernanda León eclipsa todo lo que se pose a cien metros de su perímetro. Es contundente, espigada y conversadora, una avasallante trilogía de virtudes que expide casi pensarlo.

Y es que definitivamente esta valenciana tiene un pacto con el éxito, una especie de confabulación que la ha catapultado a las vitrinas de la fama nacional, terreno fecundado por “Una noche tan linda como esta”, punta nada extraña para quienes ven en el Miss Venezuela la fastuosa tarima de sus postreras ambiciones.

En su caso, la tanda de anhelos fue doble. Oronda y decidida, se plantó un par de veces frente el escrutador olfato de Osmel Sousa. La primera de ellas se tradujo en su inaugural incursión en el certamen en su edición de 1999, cuyo desempeño pasó sin pena ni gloria. Tres años después, y provista de sobresalientes armas, domó una segunda oportunidad. Esta vez el balance final le dejó el gusto de haber acaparado los títulos Miss Internet, Rostro más Bello y la figuración entre las 10 finalistas.

Los aprendizajes logrados en el perímetro de una corona le legaron una estrella particular, aura que la ha acompañado en variadas andanzas, incluyendo Mundo de Sueños, un espacio trasmitido por Televen dedicado en cuerpo y alma a alegrar a los pequeños de la casa. Allí, junto al perro Bambú, “yo era niña y adulta a la vez. Adulta para manejar todo lo que era el programa y salir al aire; niña para estar con ellos. Me sentía una más. Fue una experiencia maravillosa, una escuela”, recuerda nostálgica.

Más adelante sonaron vientos de necesarios cambios, estímulo que le otorgaría un vuelco polifacético a su imagen. Fue por entonces que, en el mismo canal, gobernó las enérgicas pantallas de Katanga, concepto encauzado a retar la rapidez mental y académica de jóvenes participantes a través de fugaces concursos. “Estaba ansiosa por hacer algo diferente, a pesar de que se trataba de un programa que había logrado permanecer al aire por más de año y medio. Dejarlo por otro espacio era un riesgo, pero decidí asumirlo”, confiesa.

Sin chistar, las condiciones fueron gestándose para que, en paralelo, la reciente animadora reconociera en la actuación su fijación espontánea. A sus dominios fue abandonándose hasta nutrir, en calidad de hermanastra, la cuadrilla que dio vida a la aireada versión teatral “La Cenicienta”, obra reajustada y dirigida por Mimí Lazo, nombre que aunado al de Elba Escobar componen la cartilla de sus admiraciones: “Las admiro muchísimo, no sólo porque me parecen grandes profesionales, sino también ejemplares mujeres que trabajan 24 por 24. Dentro de ese grupo también está Mónica Montañés, quien está escribiendo una novela cotidiana, pero que lleva un mensaje”.

A la espera de integrar las filas de un seriado en el canal de Horizonte, y sin pensarlo mucho, audicionó para una caracterización salida de un nuevo libreto firmado por Montañés. El estereotipo de perfecta damisela no se apartaría de sus tenaces ejercicios histriónicos y actualmente María Fernanda León interpreta en “Voltea pa’ que te enamores”, el dramático estelar de Venevisión, a María Gracia, una chica que se debate entre el linaje estéril de su participación en el Miss Venezuela y un astuto pero acartonado presente venido a menos. “Me siento afortunada, es una prueba de que uno tiene que tomar riesgos en la vida. Si no lo hubiese hecho, todavía estaría esperando por la oportunidad de Televen”, alude haciendo un rápido y positivo balance mientras afirma que se trata del arquetipo “cliché de las misses que son como un pitillo: plásticas por fuera y vacías por dentro. Conozco a muchas que participaron conmigo y no son así, aunque nunca faltan las excepciones. Estoy feliz con el personaje porque poco a poco ha tomado el rol de contrafigura; es la única que le hace las trabas a Dileydi. La idea es brindarle al público alegría, trasmitir cosas buenas, mensajes que lo hagan reflexionar”, sentencia entusiasmada.

Contigua a esta responsabilidad, y luego de haber excursionado por los terrenos de la Ingeniería y Economía, trata de robarle tiempo al tiempo para lograr su diploma de comunicadora social: “De mi actual trabajo eso es lo que le estresa a mi papá. Vivo congelando y descongelando los cupos de la universidad. Siempre le digo que se quede tranquilo, que sí voy a terminar la carrera”, cuenta convencida de que logrará vestirse de toga y birrete algún día no muy lejano.

Sin embargo, no ha necesitado de títulos para ejercer su rol de comunicadora social, bien sea acaparando los micrófonos de la animación o por medio de las caracterizaciones logradas. En los matices de estas actividades se describe como viciosamente perfeccionista, hasta llegar al punto de “no relajarme”, y arriesgada, aunque no impulsiva.

En las vértebras de un oficio de consabidos agradecimientos y desvelos lustra el incondicional apoyo de su madre, mientras que su padre se muestra más aprehensivo al show business aunque “le he explicado que se trata de algo serio. Es mi trabajo y lo hago con amor; le digo que no es un hobby y que estoy estudiando y preparándome para esto. Ahora es más receptivo y hasta me pregunta sobre las cosas que estoy haciendo”.

De los tabúes que aún tienen cabida entre ambos está la sensual sesión de fotos tomadas para decorar las páginas de la revista Urbe Bikini en su edición de agosto 2006: “Cuando se realiza un trabajo así lo más importante es que se cuiden todos los detalles, que sea algo sexy y no vulgar. Ellos lo entienden, dan ese espacio y uno maneja lo que quiere mostrar”, reconoce satisfecha.

Aunque en un futuro sueña con formar su propia familia, en su corazón sólo hay espacio para brindarle su mejor sonrisa a una carrera triunfante y vertiginosa.

Por ahora, la internacionalización es el vocablo por el que se esfuerza y Colombia el país que está en su mira, pero primero debe consolidar herramientas en dominios criollos. “El día en que uno crea que ya aprendió todo, o que ya está conforme, es porque está muerto”, concluye la también animadora del programa de concursos colegiales Mega Match.

portada