Desfile Jeantex

POR Nora Valerii FOTOGRAFÍA David Torres

Las resistentes fibras del denim se vistieron de altruismo para protagonizar una noche impulsada por la Fundación Daniela Chappard, institución que lucha contra los embates del Sida a través de programas de formación ciudadana, y que tuvo como anfitrión la garra de una prenda, símbolo del glamour y versatilidad, que ha sabido escurrirse a las pasarelas mundiales. En nombre del jean, se encendió el pulso de una celebración de alta costura patrocinada por el Grupo Telares Maracay, y su división Jeantex, con el lanzamiento de su colección 2007.

La cita, sucedida el pasado 22 de noviembre en los regios espacios del Hotel Eurobuilding Caracas, hizo concurrir la mutabilidad histórica de un tejido que, de ser abrigo de forzadas faenas, ha pasado a escribir un currículo cargado de preferencias y aciertos hasta llegar a los armarios más exigentes del paladar de la moda.

A su influjo contemporáneo se sumaron eminentes diseñadores venezolanos como José María Almeida, Durant & Diego, Giovanni Scutaro, Jenny Bastidas y Raenrra, mientras que en el estatus foráneo convergió la imaginación colombiana de Ricardo Pava e Isabel Henao. Juntos, aprovecharon la ocasión no sólo para tantear las potencialidades y riquezas de esta tela, sino también para exhibir las señas de sus más recientes creaciones confeccionadas en los rubros de vestimentas diurnas, coctel y gala, tanto masculina como femenina.

Líneas preciosistas y hasta isabelinas propiciaron cortes de insólita comunión retro y contemporáneo, aupando vestidos ajustados por los principios del corsé y sobrepiezas abarrotadas de plises y arruches en profunda sintonía con bocetos simplistas que aplaudieron, en el curso femenino, la ostentación de medias piernas a través de faldas y faldones amplios. La rusticidad del denim se vio domesticada por la inclusión de excelsos aditivos como tules, encajes, retazos de pieles y terciopelos, vivos prendedores y formas bombachas metamorfoseadas en chaquetas cortas y largas, jeans de talle bajo y suntuosas indumentarias. Cierres, parches, tachones, cadenas y botones de metal, dispuestos simétricamente, formaron una hilera de sorpresivos atributos que cambiaron, concienzuda y definitivamente, la estampa de este lienzo urbano de rural génesis por aires de acaudalada pretensión, erigida en diversos tonos cuyos actores principales fueron el blanco, el negro y el azul marino. De esta forma se desarrolló quizás la velada más capital del latir caraqueño, con rotundo sentido de aporte social.

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