POR Atamaica Rios

Los miércoles han pasado a ser los días favoritos de Miriam Ardizzone. Junto con Antonio López Ortega, Edmundo Bracho y el resto del conjunto, emprende dilatadas tertulias con el norte de calibrar el esqueleto de la revista Veintiuno, con “arte, tendencias y opiniones”, auspiciada por la Fundación Bigott.

El parto de estas páginas, sucedido hace cuatro años, emergió de las elucubraciones de su director López Ortega, quien halló en el nombre del recién estrenado siglo un gancho fonético y visualmente armonioso. Desde entonces, este producto bimestral que distribuye seis mil ejemplares por edición, busca “formar un tipo de lector inteligente, a través de un discurso cultural”, como lo resume Ardizzone, coordinadora editorial y gerente de Difusión Cultural de la Fundación Bigott.

Siete mentes alimentan el Comité Editorial. De allí, “hay dos vías para escoger el tema a desarrollarse en la próxima edición; o lo lleva el editor (Edmundo Bracho), para ser aprobado, o sale de conversaciones en la mesa, del saludo, de las llegadas tarde, del cotidiano”, explica la coordinadora. De esos chispazos, Bracho, teléfono en mano, contacta a los 35 destacados colaboradores que darán forma a la nueva edición, donde han figurado nombres como Alberto Soria, Antonio Isea, Valentina Marulanda, Hugo Prieto y Gisela Kozak. Tan rítmico proceder les hace pulsar una puntual cadena productiva, “tenemos una revista montándose en diseño, una en imprenta y la otra encargándose a los colaboradores”, comenta Ardizzone.

Cada ejemplar exprime el perímetro de secciones co-mo “Zona Franca”, “Dossier”, “Reportaje”, “Entrevista”, “Portafolio” y “Poesía”, estructurada por la pluma de reconocidos licenciados en letras y periodistas de nuestro país, quienes se pasean por crónicas, reseñas, ensayos, entrevistas, reportajes, narrativa y poesía, con la finalidad de, como finaliza Ardizzone, explayarse en “temas que no perezcan”, que han sido y serán dignos de colección, como el humor, el cuerpo, la izquierda y los pecados capitales.