Por Pamela Velasco Fotografía Lisbeth Salas

Los pasillos de la existencia humana impulsaron al cineasta venezolano Carlos Villegas a escudriñar las penumbrosas vidas de los dependientes del hotel de citas “Crepúsculos de Venecia”, dejando entrever las más íntimas pretensiones que flotan en las aguas de sus destinos.

La perfectibilidad del amor abona este primer largometraje de Villegas que indaga la historia de Claudia (Daniela Bascopé), una mucama soñadora que ha crecido en medio de la voraz crueldad de un entorno libertino, y quien, cansada de su miserable rutina y empeñada en escapar de su actual oficio, hará sonar la alarma de la fortuna embarcándose en una travesía cargada de romance y traición, sin tan sólo sospechar que le están designados insondables desafíos. En los altibajos de sus pretensiones se sumarán diversas figuras que, de alguna u otra forma, se aprovecharán de sus anhelos.

Villegas asegura que es “la búsqueda de amor, para llegar a la felicidad en el mundo que les tocó vivir, lo que mueve a este puñado de personajes”. Espoleado por dos décadas consagradas a estas lides, el cineasta plantea un argumento que merodea la realidad venezolana pero que, “en general, es una historia universal”.

La filmación abrazó seis semanas de intenso trajinar, de las cuales cuatro internaron, sin recreos, a todo el equipo técnico y artístico, en los límites del “Hotel Waldorf en Caracas, una edificación de los años 50”, mientras que muchas de las escenas nocturnas fueron ambientadas en el Cementerio del Este. “Estuvimos rodando en la carretera de la Costa (vía Los Caracas), en la zona cercana a Caucagua y en la ciudad capital”.

En la aguzada selección de los 25 talentos participantes, resuenan los nombres de los co-protagonistas Roque Valero (Salvador), chofer de una furgoneta de la morgue y quien está perdidamente enamorado de Claudia; y Jerónimo Gil (Juan), cantante itinerante que presta sus servicios a quien lo necesite, además de la estelar e inaugural intervención en la pantalla grande de Caridad Canelón (Alma), quien personifica a otra mucama del hotel y la encargada de que Claudia ponga los pies sobre la tierra. A este lujoso staff histriónico se sumaron reconocidas estampas con proyección nacional e internacional como Armando Gota, Dad Dáger, Aníbal Grunn y Javier Paredes.

Como novato explorador del séptimo arte, Villegas asegura que los momentos más difíciles de lograr en la producción recaen en las escenas dramáticas, porque “los actores tienen que llorar y por muchas razones debes repetirlas. Ese desgaste que sufren mientras actúan lo padezco también yo, desde el momento que digo ‘rueda’ hasta que demando el ‘corten’. Lo vivo igual que ellos”.

Esta apuesta cinematográfica lo llevó al III Concurso Nacional de Guiones de Largometrajes de Fundavisual Latina, para ver consagrada a la cinta como ganadora indiscutible del primer galardón. “El hecho de que el guión obtuviera una premiación en un concurso de guiones nacionales, te obliga a trabajar y a esforzarte cada vez más en esta área tan difícil como lo es la escritura de argumentos para ser llevados al cine”, acentúa el director.

Socorrida por el valioso auxilio del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) y la empresa Arcana Producciones, “Al borde la línea” promete aflojar la cuerda de las acciones cotidianas de sus personajes, para tensarla nuevamente y descorrer inesperados desenlaces.